miércoles, 16 de agosto de 2017

SGM: El frente oriental y la Operación Barbarossa

LA INVASIÓN DE RUSIA 

por el General Heinz Guderian 

 

Autor del libro Achtung, Panzer! donde deja establecidos los principios de lo que fue la «blitzkrieg» (guerra relámpago), el General Heinz Guderian, a la cabeza de sus panzers, había sido el principal artífice de las victorias alemanas en Polonia y en Francia. Estas páginas fueron traducidas y extraídas de su libro de memorias, Erinnerungen Eines Soldaten, publicado en 1954, en donde evoca la fulgurante ofensiva de sus tanques al comienzo de la Operación Barbarroja. Pero demuestra también cuál fue su drama de conciencia cuando estimó que su deber era oponerse a las órdenes de Hitler y de los jefes nazis. 

El 14 de Junio, Hitler reunió a sus generales en Berlín a fin de exponerles sus motivos para atacar a Rusia. Dada la imposibilidad de derrotar a Inglaterra, dijo en sustancia, tenía que triunfar en el continente; ahora bien, las posiciones alemanas en Europa no serían inexpugnables hasta que Rusia fuese aplastada…Estas justificaciones de la guerra preventiva contra Rusia no eran convincentes. Mientras la lucha prosiguiese en el oeste, toda nueva empresa militar equivaldría a abrir la guerra en dos frentes. En 1914, esta misma situación había conducido a la derrota, y la Alemania de Adolf Hitler no parecía mejor armada que la del Kaiser. De ahí que la asamblea acogiese sin comentarios el discurso de Hitler, en medio de una atmósfera muy tensa. Ningún intercambio de opiniones se produjo y nos separamos en silencio. 


  


Antes de describir los acontecimientos, lancemos una breve ojeada sobre la situación de conjunto del ejército alemán al comienzo de esta decisiva campaña a Rusia. Según los informes de que disponía, las 205 divisiones alemanas se distribuían, el 22 de Junio de 1941, de la manera siguiente: en el oeste habían quedado 38 divisiones, 12 se hallaban en Noruega, una en Dinamarca, 7 en los Balcanes, 2 en Libia; así, pues, 145 divisiones se encontraban disponibles para la campaña del Este. Esta división de las fuerzas demostraba un lamentable desmenuzamiento de su poder. La cifra de 38 divisiones para el oeste, más 12 para Noruega, parecía exagerada. Además, la campaña de los Balcanes tuvo como consecuencia demorar el ataque a Rusia. 
Pero la subestimación del adversario ruso tuvo un efecto aún más grave. Los informes del ejército, sobre todo los del general Koestring, nuestro excelente agregado militar en Moscú, sobre la potencia militar del gigantesco imperio soviético, encontraron tan poco eco en Hitler, como los informes sobre la capacidad de producción industrial o la solidez de la cohesión interna del régimen. En cambio, Hitler había logrado transmitir su optimismo irracional a su camarilla militar, y el O.K.W. (Oberkommando der Wehrmacht) y el O.K.H (Oberkommando der Heeres), convencidos de que la campaña habría terminado antes del comienzo del invierno, no habían previsto el equipo apropiado, en el ejército de tierra, más que para un hombre de cada cinco. Hasta el 30 de Agosto de 1941, el O.K.H. no se ocupó seriamente de dotar con este equipo a las unidades más importantes. No puedo en modo alguno admitir una afirmación que se oye ahora de vez en cuando: «Hitler fue el único culpable de que faltase ropa de invierno a las fuerzas terrestres en 1941». La Luftwaffe y las Waffen S.S. se hallaban, en efecto, ampliamente provistas y habían recibido estos equipos a su debido tiempo. Pero el mando supremo soñaba con vencer militarmente a Rusia en una ocho o diez semanas y provocar después el derrumbamiento político. Tan firmemente confiaba en este proyecto quimérico que, ya en 1941, se operó la reconversión de la industria que trabajaba para el ejército de tierra hacia otros sectores de la economía. Inclusive se pensó en volver a traer a Alemania, al comienzo del invierno, de 60 a 80 divisiones del este, con el convencimiento de que el resto de las fuerzas bastaría para contener a Rusia durante la estación invernal; en cuanto a las tropas que quedasen en Rusia, al terminar las operaciones de otoño, se pretendía que invernasen en buenos acantonamientos, en una línea de apoyo. Todo parecía muy sencillo y regulado a las mil maravillas. Se rechazaron las objeciones con optimismo. La narración de los acontecimientos demuestra cuán alejados de la dura realidad estaban estos proyectos. 
Mencionaremos aún otro asunto que, más adelante, fue muy perjudicial para el prestigio alemán. Poco antes del comienzo de las hostilidades, una orden del O.K.W. sobre el trato que debía darse a las poblaciones civiles y a los prisioneros de guerra en Rusia, fue transmitida directamente a los cuerpos de ejército. Con arreglo a estas disposiciones, ya no era obligatorio aplicar el código de justicia militar para sancionar las crueldades cometidas contra la población civil y los prisioneros de guerra, sino que cada caso debería someterse a la apreciación de los superiores. Esta orden podía perjudicar gravemente la disciplina. Prohibí divulgarla entre mis divisiones y ordené su devolución a Berlín. Otra orden, igualmente injusta, disponía la ejecución inmediata de los comisarios políticos, es decir, de los miembros del partido comunista destacados cerca de los jefes militares capturados. Si bien, al parecer, fue recibida en el grupo de ejércitos del centro, jamás llegó a conocimiento de mis unidades. Retrospectivamente, no puede menos que lamentarse que estas órdenes no hubiesen sido anuladas por el O.K.W. o el O.K.H., evitando el desprestigio del buen nombre alemán y los amargos sufrimientos de soldados irreprochables. Poco importaba que los rusos se hubiesen o no adherido a los convenios de La Haya o que hubiesen reconocido o no la Convención de Ginebra; los soldados alemanes debían ajustar su actitud a estas prescripciones internacionales y a los imperativos de su fe cristiana. Aún sin estas órdenes excesivas, ya la guerra pesaba abrumadoramente sobre la población civil rusa, la cual tenía tan poca responsabilidad como la nuestra en el desencadenamiento de las hostilidades. 

  


Así pues, el 22 de Junio, las tropas alemanas cruzaron la frontera. En unas cuantas semanas realizaron un enorme avance. En el centro, Smolensk fue tomada en el transcurso del mes de Julio. Moscú sólo se encontraba a 300 kilómetros. Al norte, los ejércitos marchaban a buen paso hacia Leningrado, mientras que al sur amenazaban a Kiev. El 23 de Agosto fui citado a una conferencia en el grupo de ejércitos. El jefe del Alto Estado Mayor del Ejército, general Halder, asistió a ella. Me comunicó que, de ahora en adelante, Hitler estaba decidido a renunciar a las operaciones previstas tanto hacia Leningrado como en dirección a Moscú; quería apoderarse en primer término de Ucrania y de Crimea. Se discutió largamente sobre la manera de modificar «la inquebrantable decisión» de Hitler. Considerábamos unánimemente que la solución, adoptada ya irrevocablemente, de dirigir nuestro esfuerzo en dirección a Kiev, nos llevaría inevitablemente a una campaña de invierno y provocaría las complicaciones que el O.K.H. tenía poderosas razones para evitar. 
Después de largas y estériles discusiones, el mariscal von Bock propuso que yo acompañase al general Halder al cuartel general del Führer, para exponerle nuestra posición. Como yo venía directamente del frente, creí que mis argumentos tendrían más peso y podría lograr que se nos permitiese hacer un último ataque contra Moscú. Se aceptó el proyecto, partimos a media tarde y, a la hora del crepúsculo, aterrizamos en el aeródromo de Loetzen, en Prusia Oriental. Fui a ver a Hitler. Ante un vasto auditorio del que formaban parte Keitel, Jodl, Schmundt y otros generales del O.K.W., pero, desgraciadamente, ningún representante de las fuerzas terrestres. Hice una exposición de la situación de mi panzergruppe, de su estado y de la configuración del terreno. Cuando terminé, Hitler me preguntó: 
-¿Después de lo que acaban de hacer, considera usted aún capaces a sus unidades de realizar un gran esfuerzo?- 
-Sí, siempre que se fije a las tropas un objetivo cuya importancia pueda ser comprendida por cualquier soldado- respondí. 
-Evidentemente, piensa usted en Moscú- replicó Hitler. 
-Sí- dije. –Puesto que ha abordado el tema, permítame que le explique mis razones- 
Hitler consintió en ello. Le expuse detalladamente los motivos a favor de la prosecución de las operaciones hacia Moscú y en contra de la marcha sobre Kiev. Expliqué que, desde el punto de vista militar, lo más importante era destruir las fuerzas combatientes del enemigo, ya muy debilitadas en los últimos encuentros. Describí la importancia geográfica de la capital de Rusia. A diferencia de París para Francia, Moscú no era solamente el centro de la red de transportes, de transmisiones y el corazón político del país, sino también una importante zona industrial; su caída causaría una inmensa impresión tanto en el pueblo ruso como en el mundo. Hablé de la moral de la tropa que sólo esperaba la orden de marchar sobre Moscú y se había preparado con entusiasmo para ello. Traté de demostrar que, una vez iniciado el ataque en la dirección decisiva, los territorios de Ucrania, tan importantes desde el punto de vista económico, caerían como fruta madura en nuestro poder, pues los desplazamientos de norte a sur de los rusos se complicarían notablemente a causa de la desorganización que la toma de Moscú causaría en sus comunicaciones. Describí el estado de las carreteras en el sector de ofensiva que me había sido asignado y las dificultades de abastecimiento, que aumentarían de día en día en el caso de avanzar hacia Ucrania. Mencioné, en fin, los graves problemas que suscitaría una demora de las operaciones. Si estas tenían que proseguir durante el período de mal tiempo, sería entonces demasiado tarde para llevar a cabo los proyectos del Estado Mayor y asestar el golpe definitivo sobre Moscú antes de terminar el año 1941. 
Hitler me dejó hablar sin interrumpirme ni una sola vez. Después tomó la palabra y explicó con todo detalle por qué había preferido adoptar otra decisión. Las materias primas y la base de abastecimiento de Ucrania, explicó en particular, eran de vital necesidad para proseguir la guerra. A partir de ahí, continuó subrayando la importancia de Crimea, «portaaviones natural que podía servir a la Unión Soviética para lanzarse sobre el petróleo rumano». Había que eliminarla de la partida. Por primera vez oí la frase: «Mis generales no entienden nada de la economía de guerra». También por primera vez fui testigo de una escena que iba a repetirse muy a menudo: todos los presentes aprobaban cada frase de Hitler, y yo me encontré solo frente a él. Ante el bloque compacto de la O.K.W., contradiciéndome, renuncié a luchar aquel día, pues en esa época todavía creía que nadie podía permitirse hacer una escena violenta al jefe supremo de Reich en presencia de su camarilla. Era más de medianoche cuando regresé a mi alojamiento. El 24 por la mañana fui a ver al general Halder y le informé del fracaso de la última tentativa por hacer cambiar de opinión a Hitler. 
Con arreglo a las órdenes del Führer, la batalla de Kiev se entabló el 25 de Agosto. Los combates terminaron victoriosamente el 26 de Septiembre. Los rusos capitularon. La cifra de prisioneros se elevó a 665.000 hombres. El general en jefe del frente sudoeste y su jefe de estado mayor perecieron en los últimos encuentros intentando perforar nuestro frente. El general que mandaba el Vº ejército fue hecho prisionero. Tuve con él una conversación interesante: 
-¿Cuándo se enteró usted de que mis tanques se desplegaban a su espalda?- pregunté. 
-Hacia el 8 de Septiembre- respondió. 
-¿Por qué no evacuó Kiev en aquel momento?- insistí. 
-Habíamos recibido la orden de evacuar y retirarnos hacia el este, y ya nos disponíamos a cumplirla, cuando una contraorden nos obligó a defender Kiev a toda costa- 
La ejecución de la contraorden tuvo como consecuencia el aniquilamiento de aquel grupo de ejércitos. Nos asombramos de semejante intervención. El enemigo no volvió a repetirla. Pero nosotros padecimos, desgraciadamente, las peores intromisiones del mismo orden. Sin duda esta victoria representaba un gran éxito táctico, pero era dudoso que produjese consecuencias estratégicas de importancia. Eso dependía de una cosa: ¿lograrían los alemanes obtener resultados decisivos antes del invierno, e inclusive antes de que, ya entrado el otoño, la tierra se convirtiera en un barrizal? Desde luego, ya había sido preciso renunciar al ataque proyectado para estrechar el cerco de Leningrado. Sin embargo, el O.K.H. creía que el adversario no estaba ya en condiciones de oponer al grupo de ejércitos del sur un frente de defensa coherente y capaz de ofrecer una seria resistencia. Con aquel grupo de ejércitos podría, pues, conquistar la cuenca del Donetz y llegar al Don antes del invierno. Pero Moscú era el punto donde había que asestar el golpe principal con el grupo de ejércitos del centro reforzado. ¿Tendríamos tiempo para ello? 
La ofensiva sobre Orel-Briansk constituía una fase preliminar del ataque a Moscú. Una vez más concluyó victoriosamente la batalla, pero ¿tendríamos fuerza para proseguir el ataque y explotar la victoria? Esta era la interrogación más grave que la guerra había planteado hasta entonces al mando supremo. Mientras las operaciones de invierno proseguían de este modo, nos preocupábamos de alimentar a Alemania, a nuestros ejércitos y a la población civil rusa. Después de las abundantes cosechas del otoño de 1941, se encontraba en todo el país gran cantidad de cereales panificables. Tampoco había escasez de ganado para el matadero. Las necesidades de las tropas fueron cubiertas y como el lamentable estado de las vías férreas, hasta la primavera de 1942, impedía al IIº ejército blindado enviar estos productos a Alemania, se entregaron a la población, especialmente a la de Orel. Algunas fábricas de esta ciudad, cuya maquinaria no pudo ser evacuada por los rusos, se pusieron de nuevo en servicio para cubrir las necesidades del ejército y dar trabajo y pan a la población civil. Esto sucedió con una fábrica de hojalata y con talleres que trabajaban el cuero y el fieltro para la fabricación de calzado. En cuanto al estado de ánimo de la población rusa, se refleja en una conversación que sostuve en Orel, durante ese período, con un viejo general zarista. «Si ustedes hubieran venido hace veinte años» me dijo «les habríamos acogido con entusiasmo. Pero ahora es demasiado tarde. Llegan ustedes cuando empezábamos a revivir y nos hacen retroceder veinte años atrás; tenemos que rehacerlo todo desde el principio. Ahora combatimos por Rusia y estamos todos unidos en la lucha». Además, cuando los comisarios del Reich, todos ellos funcionarios nazis, reemplazaron a la administración militar, se las arreglaron para matar en poco tiempo toda posible simpatía por los alemanes y preparar así la plaga de los guerrilleros. 
Habíamos instalado nuestro puesto de mando avanzado en Yasnaia Poliana, la célebre finca de Tolstoi, y allí me trasladé el 2 de Diciembre. Se encuentra a siete kilómetros al sur de Tula. La propiedad constaba de dos edificios: el «castillo», que fue dejado para uso exclusivo de la familia Tolstoi, y el museo, donde nosotros nos instalamos. Todos los muebles y los libros, que habían pertenecido al gran escritor, se guardaron en dos habitaciones, cuyas puertas se sellaron. Amueblamos nuestras habitaciones con muebles sencillos, construidos por nuestros hombres con toscas tablas. La leña del bosque vecino suministraba la calefacción. No se quemó ningún mueble, y ningún libro ni manuscrito fue dañado. Todo cuanto han dicho los rusos a este respecto después de la guerra es falso. Fui a ver la tumba de Tolstoi. Se hallaba en buen estado. Ningún soldado alemán la tocó. Y así estuvo hasta el momento en que abandonamos la propiedad. Desgraciadamente, la propaganda rusa de una posguerra rencorosa no ha vacilado en tergiversar tendenciosamente la verdad para probar nuestra pretendida barbarie. Todavía viven muchos testigos que pueden confirmar mi descripción. ¡En cambio los rusos habían minado concienzudamente los alrededores de la tumba de su gran escritor! 
El 2 de Diciembre, las divisiones panzer 3ª y 4ª abrieron una brecha en las posiciones avanzadas del enemigo. El ataque los sorprendió. Prosiguió, el 3 de Diciembre, con violenta nevada y fuerte viento. El hielo en los caminos dificultaba los movimientos. La 4ª división panzer voló la vía férrea Tula-Moscú y se apoderó de seis cañones; llego por fin a la carretera Tula-Serpukhov pero la falta de carburante y el agotamiento de los hombres la obligaron a detenerse. El enemigo pudo zafarse hacia el norte. La situación seguía siendo tensa. Se desarrollaron combates encarnizados en la zona de los bosques, al este de Tula, el 4 de Diciembre. Se progresó muy poco en la jornada. El termómetro descendió hasta -35º y el reconocimiento aéreo descubrió un poderoso grupo enemigo que se encaminaba hacia el sur de Kachira. Una fuerte protección de cazas rusos nos impidió observarla desde más cerca. Como esta presencia amenazaba mis flancos y mi retaguardia, y como mis fuerzas no podían maniobrar con una temperatura anormalmente baja de -50º, en la noche del 5 al 6 de Diciembre decidí, por primera vez desde el comienzo de esta guerra, detener el ataque –un ataque llevado aisladamente- e hice retroceder a mi vanguardia para ponerla a la defensiva en la línea general Alto Don-Chatt-Upa. Aquella misma noche informé telefónicamente a mi superior, el mariscal von Bock. Me preguntó: «¿Dónde se encuentra su puesto de mando?». Me creía en Orel, alejado de las operaciones. Los generales de panzers no deben alejarse del campo de batalla, y yo me encontraba lo bastante cerca, tanto del frente como de mis soldados, de modo de tener una opinión sólidamente fundada. Nuestra ofensiva contra Moscú había fracasado. Los esfuerzos y los sacrificios de la tropa habían sido vanos. Acabábamos de sufrir una grave derrota que, por la obstinación del alto mando, iba a ser fatal en las semanas próximas. En la lejana Prusia Oriental, los jefes del O.K.H. y del O.K.W. no podían hacerse la menor idea, pese a los informes, de la verdadera situación de sus tropas en esta guerra invernal. Tal desconocimiento los condujo a exigir sin cesar desmesurados esfuerzos imposibles de llevar a cabo. Para restablecer la situación en pocos meses, lo mejor habría sido replegarnos, a su debido tiempo y con amplitud suficiente, a posiciones fortificadas, en un lugar donde la configuración del terreno nos favoreciese. En el sector del IIº ejército blindado, la posición de Zucha-Oka, fortificada en Octubre, parecía la más indicada. Pero Hitler no se decidía a aceptar esta solución. Además de su habitual testarudez, ¿representó la política exterior un papel importante en las decisiones que se tomaron por aquellos días? Nunca lo supe. Pero me inclino a creerlo, pues el 7 de Diciembre se produjo la entrada de Japón en la guerra, seguida el 11 de Diciembre por la declaración de guerra de Alemania a Estados Unidos. Nuestros soldados se asombraron al ver que Hitler declaraba la guerra a los Estados Unidos sin que Japón la declarase a su vez a la Unión Soviética, lo cual permitió que las fuerzas rusas del Extremo Oriente fueran utilizadas contra los alemanes, trayéndolas a nuestros frentes en trenes que se sucedían sin descanso. La consecuencia de esta extraña política no fue un alivio, sino un agravamiento de nuestra situación, cuyo alcance era difícil de calcular. La guerra, cada vez, iba haciéndose más «total». El potencial económico y militar de la mayor parte del globo se coaligaba contra Alemania y sus débiles aliados. 
Pero volvamos a Tula. Durante los días siguientes, el 24º cuerpo blindado consiguió efectuar un ordenado repliegue ante el enemigo; mientras que, desde Kachira, se ejercía una fuerte presión sobre las tropas alemanas. Al mismo tiempo, un ataque inesperado de los rusos la noche del 7 al 8 de Diciembre arrebataba Mikhailov al 47º cuerpo blindado, infligiéndole elevadas pérdidas. A nuestra derecha, el adversario avanzó hacia Livny y se fortificó ante Yefremov. Una carta del 8 de Diciembre refleja lo que yo pensaba entonces: «Nos encontramos ante una triste situación: el mando supremo ha tirado demasiado de la cuerda porque no quiso creer en el descenso del poder combativo de la tropa; ha formulado sin cesar nuevas exigencias sin tomar medidas contra los rigores del invierno, y ahora se encuentra sorprendido por el frío ruso, que llega a 35º bajo cero. Nuestras fuerzas no han sido capaces de rematar con una victoria la ofensiva contra Moscú, y así fue como el 5 de Diciembre, con el ánimo afligido, tomé la decisión de interrumpir un combate que a nada conducía, retirándome a una línea bastante corta, previamente elegida; con las fuerzas que tengo no aspiro a más que a mantenerla. Los rusos nos acosan de manera incesante y tenemos que prever toda clase de penosos incidentes. Las pérdidas, sobre todo por enfermedad y congelación, fueron considerables, aunque haya esperanzas de alguna recuperación cuando las unidades puedan tomarse algún descanso. Los daños causados por el frío en los vehículos y en los cañones sobrepasan todo lo previsto. Utilizamos trineos como recurso provisional, pero los servicios que prestan son pequeños. Hemos logrado conservar nuestros tanques. Pero, ¿cuánto tiempo seguirán funcionando con este frío? Jamás hubiera creído que en dos meses cambiase hasta este punto una situación tan brillante. Si se hubiese tomado a tiempo la decisión de interrumpir la ofensiva y de instalarse cómodamente durante el invierno en una línea adecuada para la defensa, nada peligroso podía acontecer. Por espacio de meses, todo será ahora un interrogante. No me inquieta mi propia suerte, me inquieta mucho la de nuestra Alemania; temo por ella». 
El 13 de Diciembre, el IIº ejército prosiguió su repliegue. Pero en estas condiciones no podía realizar su intención de mantenerse en la línea Stalinogorsk-Chatt-Upa, tanto más cuanto la XIª división no tenía ya la capacidad de resistencia indispensable para frenar a las fuerzas rusas de refresco. Hubo que continuar el movimiento de repliegue detrás de Plava. El IVº ejército que estaba a nuestra izquierda, y los grupos de tanques 3º y 4º, no pudieron tampoco seguir manteniendo sus posiciones. El 14 de Diciembre hice llegar al Führer una descripción pesimista de la situación. Esperaba, al terminar el día, una llamada telefónica que me trajese su respuesta. Aquella tarde escribí: «A menudo paso la noche acostado, sin dormir, torturándome y preguntándome: ¿Qué más puedo hacer para aliviar a mis pobres soldados, obligados a permanecer a la intemperie sin protección contra este terrible frío? Es espantoso, inimaginable. Los miembros del O.K.H. y del O.K.W., que jamás han visto el frente, no pueden hacerse idea de estas condiciones de vida. No hacen más que cablegrafiar órdenes que no se pueden cumplir y denegar todas las peticiones que se les hacen». La respuesta telefónica que yo esperaba de Hitler llegó por la noche. Exhortaba a mantenerse firme, prohibía los movimientos de repliegue, prometía la llegada de un refuerzo -500 hombres si no me equivoco- por vía aérea. Tuvo que repetirme sus palabras porque se le oía muy mal. En vista de ello decidí, con autorización superior, trasladarme en avión al cuartel general del Führer y explicarle personalmente la situación de mi ejército., puesto que todos los informes telefónicos y escritos no habían surtido efecto. La entrevista fue fijada para el 20 de Diciembre. «Fraile, frailecito, emprendes un arduo camino». Mis camaradas me recordaron este estribillo de mi tierra cuando les comuniqué mi decisión de tomar el avión para ir a ver a Hitler. Sabía muy bien que no sería fácil convencer al Führer. Pero en aquella época todavía tenía confianza en nuestro jefe supremo; creía que haría caso de razonamientos sensatos si un general con experiencia del frente se los exponía. 
El 20 de Diciembre, a eso de las 15,30 hs., aterricé en el aeródromo de Rastenburg. Mi conversación con Hitler duró cinco horas, con dos cortas interrupciones de una media hora para cenar y para la exhibición del noticiario cinematográfico que el Führer no dejaba de ver nunca. A las 18,00 hs. fui recibido por Hitler en presencia de Keitel, Schmundt y otros altos jefes. Ni el jefe del Alto Estado Mayor ni ningún representante del O.K.H. tomaron parte en esta conferencia con el nuevo comandante en jefe de las fuerzas terrestres (Hitler había asumido el puesto al despedir al mariscal von Brauchitsch). Igual que el 23 de Agosto de 1941, volví a encontrarme solo frente a la camarilla del O.K.W. Mientras Hitler se adelantaba para saludarme, observé por vez primera que clavaba en mí una mirada hostil. Esto me despertó el convencimiento de que lo habían predispuesto en mi contra. La oscuridad del pequeño aposento aumentó mi desazón. La conferencia empezó exponiéndoles la situación. Después hablé de mi intención de replegar por etapas los dos ejércitos hacia la posición Zucha-Oka, ya que no quedaba otra alternativa si se quería conservar las tropas y mantenerse durante el invierno en posiciones estables. Mi sorpresa fue grande al oír a Hitler exclamar con violencia: «¡No; lo prohíbo terminantemente!». 
-Es preciso incrustarse en el suelo y defender cada metro de terreno- dijo Hitler. 
-No es posible incrustarse en todas partes en el suelo –respondí-; está helado hasta un metro o metro y medio de profundidad, y nuestras deficientes herramientas de campaña no nos permiten ya excavar trincheras- 
-Abran hoyos en el suelo con la artillería pesada. Es lo que hacíamos en Flandes durante la primera guerra- replicó el Führer. 
-En la primera guerra –rebatí- nuestras divisiones ocupaban en Flandes sectores de cuatro a seis kilómetros de ancho, y los defendían con dos o tres grupos de cañones pesados y abundancia de municiones. Mis divisiones tienen que defender frentes de 20 a 40 kilómetros y yo tengo cuatro cañones pesados por división, dotados de 50 disparos por cañón. Jamás hubo en Flandes temperaturas tan bajas como las que soportamos. Además, necesito municiones para rechazar a los rusos. Ni siquiera podemos ya clavar postes en el suelo para instalar nuestras líneas telefónicas; tenemos que abrir los hoyos a fuerza de explosivos. ¿De dónde sacaríamos explosivos suficientes para construir una posición de semejante extensión?- 
Pero Hitler reiteró su orden: resistir donde nos encontrábamos. 
-Eso significa pasar a la guerra de posiciones en un terreno inadecuado, como en el frente occidental durante la primera guerra –le advertí-. En ese caso sufriremos las mismas batallas de desgaste y las mismas pérdidas enormes que en aquella época, sin obtener un resultado decisivo. Siguiendo esa táctica este invierno, sacrificaremos a la flor y nata de nuestros oficiales y suboficiales, con sus reservas; este sacrificio será estéril y, por lo demás, no podremos compensarlo- 
-¿Cree usted que los granaderos de Federico el Grande morían por capricho? –preguntó Hitler-. También ellos querían vivir y, sin embargo, el rey podía pedirles el sacrificio de sus vidas. Considero que yo también tengo derecho a exigir el mismo sacrificio a todos los soldados alemanes- 
-El soldado alemán –respondí- sabe que, en tiempo de guerra, debe poner su vida a disposición de su patria y, verdaderamente, lo ha demostrado hasta ahora. Pero no debe exigírsele este sacrificio sino en caso de absoluta necesidad. Le ruego que piense que la intensidad del frío nos ha costado doble número de bajas que el fuego enemigo. Quien ha visto los hospitales llenos de hombres congelados sabe lo que eso significa- 
-Me consta –dijo Hitler- que ha trabajado usted mucho y ha convivido con la tropa. Lo reconozco. Pero ve las cosas demasiado cerca. Le impresionan demasiado los sufrimientos del soldado y siente demasiada compasión por él. Necesitaría alejarse un poco para ver la perspectiva. Créame: de lejos se ven las cosas con mayor precisión- 
-Mi deber –señalé- es aminorar cuanto pueda los sufrimientos de mis soldados. Pero esto es muy difícil cuando los hombres no tienen ropa de invierno, y casi toda la infantería lleva aún pantalones de verano- 
-No es cierto –gritó Hitler encolerizándose-. El jefe de la intendencia me ha dicho que el equipo de invierno ha sido enviado- 
-Enviado, sí -respondí-; pero no ha llegado todavía. Sigo con precisión su ruta. Desde hace varias semanas se encuentra en la estación de Varsovia; está allí parado porque faltan locomotoras y las vías férreas se hallan embotelladas- 
Se llamó al jefe de la intendencia, quien se vio obligado a confirmar mi relato. La campaña para el aprovisionamiento de ropas que hizo Goebbels en la Navidad de 1941 fue consecuencia de esta conversación. Pero el producto de esta colecta no llegó a manos de los soldados alemanes durante el invierno 1941-1942. Luego tocamos la cuestión de los efectivos de las unidades de combate y de los servicios. A causa de los numerosos vehículos inutilizados por los barrizales de otoño, y después por los grandes fríos, el parque de transporte para el abastecimiento era insuficiente tanto en las unidades como en los servicios de retaguardia. Como los vehículos perdidos no eran reemplazados, la tropa tenía que arreglárselas con los medios del país. Estos consistían en carros de campesinos y en trineos de capacidad muy reducida; para reemplazar a los camiones que faltaban había que utilizar un elevado número de estos vehículos que, además, requerían demasiados hombres. Hitler exigió entonces la reducción implacable de los efectivos, muy numerosos a su parecer, de las unidades de abastecimiento y del parque móvil, a fin de recuperar fusiles para el frente. Ni que decir tiene que ya se había procedido a ello, hasta donde era posible, sin poner en peligro el abastecimiento. Para reducirlos aún más sería preciso mejorar todos los medios de abastecimiento en general y las comunicaciones ferroviarias en particular. Resultó penoso hacerle comprender a Hitler esta perogrullada. Durante la cena, sentado junto al Führer, aproveché la ocasión para darle detalles de la vida en el frente. Pero estos relatos no surtieron el efecto que yo esperaba. A Hitler, lo mismo que a su camarilla, le parecían exagerados. Por esta razón propuse, cuando se reanudó la conferencia después de cenar, transferir al O.K.W. y al O.K.H. a oficiales de estado mayor que hubiesen experimentado la guerra en el propio frente. –La reacción de los miembros del O.K.W. –dije- me ha dado la impresión de que nuestras comunicaciones y nuestros informes no son bien comprendidos y que, por consiguiente, no le son correctamente presentados. Me parece, pues, necesario trasladar a los puestos de estado mayor del O.K.H. y del O.K.W. a oficiales que tengan experiencia en el frente. Decídase a proceder a un relevo de la guardia. Aquí, en la cumbre, hay oficiales que forman parte de uno de los dos estados mayores desde el principio de la guerra, hace ya dos años por consiguiente, y que nunca han visto el frente. Esta guerra es tan diferente de la anterior que no vale de nada haber servido en la de 1914- 
Me había metido en un avispero. 
-¡No es ahora el momento oportuno para separarme de mis consejeros!- replicó Hitler con indignación. 
-No tiene necesidad de separarse de sus ayudantes personales; no se trata de eso –aclaré-. Lo que importa, en cambio, es destinar a los puestos clave de los estados mayores a oficiales que tengan una experiencia reciente del frente y, sobre todo, de las campañas de invierno- 
Esta petición fue también rechazada secamente. Todas mis proposiciones acababan en un total fracaso. Cuando abandonaba la sala de conferencia, Hitler dijo a Keitel: «No he convencido a ese hombre». Así se consumó entre nosotros una ruptura que ya no fue posible reparar. 
El 21 de Diciembre regresé a Orel para redactar y difundir las órdenes que debían ajustarse a las intenciones de Hitler. El 24 de Diciembre, el IIº ejército perdió Livny. La noche del 24 al 25 de Diciembre perdimos Chern a consecuencia de un ataque envolvente del enemigo. El éxito de los rusos nos sorprendió por su amplitud. Di inmediatamente cuenta de este desgraciado incidente al grupo de ejércitos. El mariscal von Kluge me hizo los más vivos reproches y aquella misma noche tuvimos una violenta discusión; me acusó de haberle transmitido un informe falso y colgó el teléfono diciendo: «Daré un informe al Führer sobre usted». Esta vez se había colmado la medida. Dije al jefe de Estado Mayor del grupo de ejércitos que pedía ser relevado de mi mando y transmití inmediatamente por telégrafo esta decisión. El mariscal von Kluge se me había adelantado en el O.K.H. pidiendo mi relevo, que fue, en efecto, dispuesto por Hitler; la orden me llegó el 26 de Diciembre, por la mañana, juntamente con mi traslado a la reserva de mando del O.K.H. Mi sucesor era el general Rudolf Schmidt, que mandaba el IIº ejército. 

Fuente: Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial.

Israel: Ingenieros de las FDI entran raudamente al mercado de software

La industria tecnológica está contratando ingenieros israelíes tan rápido como el ejército puede producirlos



La creación de un fabricante de aplicaciones. (Reuters / Darren Whiteside)


Por John Detrixhe | Quartz

United Airlines comenzó un servicio de tres vuelos por semana desde San Francisco a Tel Aviv el año pasado. Era tan popular que el transportista ahora dirige la ruta todos los días, con un Boeing 787 Dreamliner.
Es otra señal de la insaciable demanda mundial de talento tecnológico, con los antiguos ingenieros del ejército israelí particularmente apreciados. Los gigantes de la tecnología del mundo se las arreglan tan rápido como el gobierno puede entrenarlas.

Amazonas, por ejemplo, está aumentando su presencia en Israel alquilando 11 plantas en un nuevo edificio de la torre de Tel Aviv. Google ha estado allí por más de una década, y ahora los bancos de Wall Street llevan a cabo iniciativas en toda la ciudad. China está invirtiendo dinero, encima del capital de riesgo de Silicon Valley.


La inusualmente alta tasa de emprendimientos de Israel -no se la conoce como "nación emprendedora" por nada- se atribuye en parte al ejército, que mantiene el servicio obligatorio y selecciona a muchas de las mentes más brillantes del país para su división de inteligencia. Los reclutas de élite Talpiot del ejército son acreditados ayudando a desarrollar sistemas de defensa de misiles, mientras que la Unidad 8200 produce algunos de los más formidables expertos en seguridad cibernética del mundo.
Estados Unidos ha sido durante mucho tiempo una fuente importante de inversiones en Israel, pero ahora China está entrando en el juego, también. Los pretendientes chinos gastaron 11.000 millones de dólares en adquisiciones israelíes el año pasado, según Dealogic, más de lo gastado en compras en Alemania, una economía mucho más grande. Muchos, si no la mayoría, los fondos israelíes de capital de riesgo están recaudando dinero de inversionistas chinos.


En estos días, el país de 8 millones de personas es de unos 10.000 ingenieros de lo que necesita, según Guy Naor, director de tecnología de NEX Optimization, parte de NEX Group, con sede en Londres. La compañía de tecnología de mercados y comercio electrónico, anteriormente conocida como ICAP, tiene 370 empleados en Tel Aviv, convirtiéndose en la tercera oficina más grande de la firma. La plantilla de NEX en Israel recientemente aumentó alrededor del 10% como parte de un proyecto de cloud computing y de libros distribuidos.
"Hay una escasez mundial de buenos desarrolladores", dijo Naor, que anteriormente era un experto en destrucción de bombas en las Fuerzas de Defensa de Israel.
Tel Aviv es quizás mejor conocido por su ciberseguridad y expertos en inteligencia artificial, pero más empresas de tecnología financiera están brotando allí. Joab Rosenberg encabezó un grupo de analistas como coronel en las FDI. Su experiencia militar se convirtió en la base de Epistema, que utiliza software para ayudar a los analistas financieros a colaborar. Epistema fue parte del acelerador de inicio de Citigroup, y él acredita al banco de Nueva York con ayudar a impulsar el ecosistema de fintech en Tel Aviv.

Tel Aviv es más conocido por la ciberseguridad y la Inteligencia Artificial, pero más empresas de fintech (finanzas tecnológicas) están brotando allí.

Yoni Assia dice que lanzó sus primeros vídeos de montaña rusa - incluso antes de que dejara el IDF, donde era un programador. Ahora, es el CEO de la empresa de comercio social eToro, que tiene operaciones en Israel. Mientras que la escasez de ingenieros es la más aguda en San Francisco, Assia dice que la crisis es especialmente pronunciada en Tel Aviv-muchas empresas locales están buscando a Ucrania para contratar trabajadores.
Hay cerca de 90 compañías israelíes que cotizan en la Bolsa de Valores del Nasdaq, la mayor parte de cualquier país no estadounidense, aparte de China. El gran número de grandes empresas extranjeras que se instalan en el país puede dañar el sector de la puesta en marcha, sin embargo, al atrapar a los mejores ingenieros, ahogando el suministro de talento a innovadores principiantes, según Asaf Homossany, director general de Nasdaq.
Pero en Israel, las compañías más grandes dicen que no siempre salen bien. Las grandes corporaciones pueden ofrecer mucho dinero a las nuevas contrataciones, pero no pueden vender el sueño de comenzar algo desde cero y hacerlo grande -como la adquisición por Intel de 15.000 millones de dólares de Mobileye, con sede en Jerusalén.
No es raro que los jóvenes desarrolladores de saltar entre las grandes empresas antes de iniciar su cuenta. Eso no es todo vela suave, por supuesto. Mientras que ir a trabajar para una empresa de startup tecnología suena romántico, especialmente cuando tantos otros a su alrededor lo están haciendo, NEX Naor dice que el 99% de ellos no lo hacen. Pero si hay algo que se aprende en el ejército, es la resistencia.

SGM: Bombardero a reacción Arado Ar 234 Blitz




El Arado Ar 234 alemán de la SGM - el primer bombardero jet operacional

Nikola Budanovic - WHO


Arado Ar 234 B-2 en el Museo Nacional del Aire y del Espacio del Centro Steven F. Udvar-Házy, Washington, EE.UU. 


Es bien sabido hoy que muchas invenciones después de la Segunda Guerra Mundial se apropiaron de prototipos alemanes.



Entre estas invenciones fue el primer bombardero a reacción acertado; El Arado Ar 234. La idea para este avión fue concebida temprano durante la guerra, en 1940. El desarrollo, sin embargo, tomó más de tres años.



Los alemanes dominaron la tecnología de los motores a reacción en 1939 con el Heinkel He 178. Tenían planes de desarrollar un avión mucho más grande, capaz de bombardear ciudades aliadas, sin la posibilidad de ser interceptados.


Una foto rara de un avión capturado Ar 234 con las marcas americanas. Observe que el avión fue renombrado "Jane I"


La empresa Arado instaló el Junkers Jumo 004 bajo cada ala y produjo el primer turborreactor operacional del mundo. El prototipo hizo su primera misión de reconocimiento el 2 de agosto de 1944, cuando Erich Sommer voló. El piloto informó que el tren de aterrizaje era muy problemático y que era difícil detener el avión en la pista de aterrizaje. Fue diseñado para aterrizar con patines retráctiles, que eran difíciles de detener si la tira estaba mojada.



Después de que la versión de reconocimiento del avión había sido probada en el campo, el alto mando alemán exigió una versión armada. La victoria final prometida por el Fuhrer sólo era posible si se utilizaban armas superiores lo antes posible.



Para entonces, no había la menor posibilidad de que un bombardero pudiera cambiar el resultado de la guerra. La máquina de propaganda nazi confiaba fuertemente en las así llamadas Armas de venganza como los cohetes V-1 y V-2 y el diseño superior del Me-262, un avión de combate pionero



La versión del bombardero trajo varias otras complicaciones. No había suficiente espacio para hacer una bahía de bombas, por lo que las bombas debían ser transportadas externamente, haciéndolas más vulnerables a un mal funcionamiento.


Otra foto del Ar 234B expuesto en el centro de Steven F. Udvar-Hazy, Washington, los EEUU.

Como la cabina estaba situada directamente frente al fuselaje del avión, el piloto no tenía una vista clara de la parte trasera. Tuvo que utilizar un periscopio similar al utilizado en los tanques alemanes. Los tanques de combustible fueron ampliados, y el motor fue mejorado.



Mientras tanto, las variantes de reconocimiento del Ar 234 estaban realizando misiones por toda Europa Occidental y Gran Bretaña sin ser detectadas, debido a la alta velocidad y altitud en la que estaban volando. La versión del bombardero Ar 234 voló su última misión en abril de 1945, y era el último avión alemán para bombardear Gran Bretaña durante la SGM.



El Ar 234A, que era el nombre oficial de la variante de reconocimiento, podría alcanzar una velocidad de 742 km / h (461 mph) a su altura óptima de 6.000 m (20.000 pies), con un alcance efectivo de 1.556 km (967 mi) . Bastante impresionante para esos días.


El puente Ludendorff entre el 8 y el 11 de marzo de 1945.

La versión del bombardero marcada Ar 234B fue ligeramente más lenta, debido al peso de la carga de la bomba, pero aún así increíblemente rápido. Una de sus acciones más notables fue el bombardeo del Puente Ludendorff en Remagen, Alemania.



El puente era un punto vital sostenido por los americanos, pues era necesario transportar a tropas a través del río Rin. Durante diez días en marzo, cuando los aliados habían capturado el puente en Remagen, 1000 kilogramos de bombas fueron caídos en él diariamente, por un Ar 234 estacionado cerca.



Había 210 unidades construidas desde mediados de 1944 hasta el final de la guerra. Incluían prototipos y todas las variantes del avión. Sólo uno de ellos sobrevivió. Se exhibe en el centro de Steven F. Udvar-Hazy, cerca del aeropuerto internacional de Washington Dulles.




Tripulación: 01
Longitud: 12.63 m
Envergadura: 14.10 m
Altura: 4,30 m
Peso en vacío: 5.200 kg
Máximo de despegue: 9.850 kg
Motor: 02 turborreactores Junkers Jumo 004B-1 891 kg de empuje cada (Ar-234B), o 04 turborreactores BMW 003A con el empuje de 800 kg cada uno (Ar-234C).
Velocidad: 742 kmh
Altitud: 10.000 m
Alcance: 1.100 km
Potencia de fuego: 02 cañones de 20 mm MG.151; 1.500 kg bombas.
Primer vuelo: 15/06/1943
Volumen de producción: 267 unidades Ar-234B; 28 unidades de Ar-234C
Operadores: Alemania



martes, 15 de agosto de 2017

Aviación de ataque: HF-24 Marut debuta en la TGIP

El avión de combate híbrido HF-24 de India se probó en combate

Los aviones obsoletos sacaron su peso en la guerra indo-paquistaní (TGIP) de 1971


El avión de combate híbrido HF-24 de India se probó en combate

Sebastien Roblin | War is Boring


Hace cincuenta años, la India puso en servicio su primer avión de combate de fabricación nacional, el HF-24 Marut, el primer avión jet diseñado y producido por un país asiático además de Rusia. Desafortunadamente, el proyecto HF-24 se vio obstaculizado por objetivos demasiado ambiciosos, mala supervisión gubernamental y motores a reacción poco potentes, produciendo un decepcionante avión de ataque ligero subsónico, presagiando algunas de las dificultades que afectarían al actual luchador Tejas.

Y sin embargo, el Marut llegó a ganar una gran victoria para la India durante su breve carrera de combate.

En la década de 1950, Hindustan Aeronautics Limited, o HAL, había desarrollado algunos aviones de hélice y había experiencia en la construcción de licencias de los jets Vampire británicos. En 1956, el Primer Ministro Jawaharlal Nehru autorizó el desarrollo interno de un avión de combate multifuncional Mach 2 con un alcance de 500 millas, con la expansión del sector aeronáutico de la India como un objetivo principal.

Esto representó un proyecto enormemente ambicioso para HAL. Nueva Delhi reclutó a los mejores talentos en la forma de Kurt Tank, diseñador del legendario Focke-Wulf 190 - el mejor monomotor alemán de la Segunda Guerra Mundial. Incluso con Tank a bordo, HAL tuvo que aumentar masivamente su personal de diseño doce veces y expandir sus instalaciones para acomodar un proyecto de esta escala.

En 1959, Kurt ya había producido una maqueta X-241 del planeador a gran escala, y un prototipo volador lo siguió en 1961. Sin embargo, su diseño bimotor de ala aflechada contaba con un motor turbocompresor Bristol BOr.12 Orpheus que podía producir 8,150 libras de empuje.

Por desgracia, Nueva Delhi no estaba dispuesta a invertir 13 millones de libras para que Bristol desarrollara el motor, por lo que el equipo de HAL pasó años infructuosamente buscando una alternativa en la Unión Soviética, Europa y Estados Unidos, sólo para cambiar los vientos políticos para cerrar el trato. a cada giro.

Al final, HAL se vio obligado a conformarse con los turborreactores sin postquemador Orpheus 703, que generaba sólo 4.850 libras de empuje. Como resultado, lo que se pretendía ser un caza de Mach 2 apenas podía alcanzar Mach 1, e incluso entonces sólo en altas altitudes.



El HF-24 Marut ya estaba obsoleto cuando entró en servicio en 1967, incapaz de mantenerse al día con los MiG-21 indios o los F-104 paquistaníes. Sumamente decepcionado, la Fuerza Aérea de la India descartó las capacidades planeadas de radar y de misiles aire-aire, y relegó al avión a tareas de ataque ligero.

Sólo se adquirieron 147 HF-24, incluyendo 18 variantes de entrenador de dos asientos. Éstos equiparon el Escuadrón No. 10 Dagas Voladoras de la Fuerza Aérea India, el Nº 31 de los Leones y el Nº 220 de los Escuadrones de los Tigres del Desierto - dejando a cada escuadrón de 16 aviones con un excedente inusualmente grande de aviones redundantes. Para agregar insulto a las lesiones, costó más producir cada Marut en el país que lo hizo para comprar cazas más capaces en el extranjero.



Al menos como un bombardero, el Marut podía llevar hasta 4.000 libras de bombas no guiadas y 100 cohetes de 68 milímetros, además de la potencia de fuego de sus cuatro cañones de 30 milímetros - aunque el retroceso de disparar las cuatro armas al mismo tiempo resultó tan grande que a veces se disparaba el interruptor de eyección del dosel, y llevó a un avión de prueba a accidente fatalmente. El Marut igualmente tenía controles relativamente precisos y buen manejo a baja velocidad.

Cuatro años más tarde, justo cuando los dos primeros escuadrones Marut comenzaban a superar los problemas de inicio en el servicio, la India y Pakistán estaban en un camino de colisión para la guerra contra Bangladesh, entonces conocida como Pakistán Oriental. Los bombarderos de bajo rendimiento estaban a punto de protagonizar una de las más famosas acciones aire-tierra de la guerra.

Sabiendo que la guerra era inminente, Pakistán esperaba capturar territorio a lo largo de la frontera de Pakistán Occidental en un ataque preventivo el 3 de diciembre de 1971 para compensar la débil posición de sus fuerzas en Pakistán Oriental. Un empuje en el primer día de la guerra fue dirigido a Jaisalmer y eventualmente a Jodhpur - pero sostenido como su primer blanco el puesto fronterizo aislado de Longewala, situado en el medio del desierto de Thar.

La fuerza paquistaní formó dos brigadas de la infantería y batallones blindados que totalizan a más de 2.000 infantes y 45 tanques del Tipo 59, copias chinas del T-54/55 soviético. En Longewala, se enfrentaron sólo a los 120 hombres de la Compañía "A" del 23º Batallón del Regimiento de Punjab.

El puesto avanzado se jactaba solamente de tener un solo cañón anti-tanque sin retroceso de 106 milímetros montada en un jeep, de algunos morteros y de ametralladoras medias, y de un pelotón que montaba camello de la patrulla de frontera. Por cualquier cálculo táctico normal, no había manera que los defensores debieran haber aguantado por mucho tiempo.

Sin embargo, cuando las tropas paquistaníes comenzaron a avanzar a medianoche, sin el beneficio del reconocimiento táctico, los tanques se atascaron en las espesas dunas de arena alrededor del puesto avanzado. Los defensores, situados en un afloramiento rocoso de 100 pies de altura, esperaron hasta que los tanques que luchaban se hubiesen acercado a corto alcance y luego abrieron fuego, destruyendo 12 de ellos con su solitario cañón sin retroceso y antiguos lanzadores anti-tanque PIAT de la Segunda Guerra Mundial .

El fuego de retorno de Pakistán causó sólo dos muertes. El ataque se detuvo cuando la infantería paquistaní encontró lo que creían que era un campo minado detrás de una hilera de alambre de púas, que horas más tarde se descubrió que no existía.

Una nueva ofensiva se estaba organizando al amanecer cuando los jets Marut del Escuadrón 10, reforzados por cuatro Hawker Hunters, descendieron en el campo de batalla, desatando cohetes T-10 y escupiendo proyectiles de cañón de 30 milímetros en los empedernidos blindados en lo que fue descrito como un "tiro al pato". Por la tarde, los aviones de ataque habían destruido otros 22 tanques y al menos 100 vehículos más, trayendo lo que debería haber sido un abrumador asalto que se rompiera a un alto.


HF-24 en Bangalore. 

Este resultado es particularmente notable ya que los aviones indios no poseían los misiles antitanque guiados especializados que dan a los modernos aviones de ataque terrestre una alta letalidad contra los tanques. Las fuerzas terrestres indias contraatacaron al mediodía, enviando a la fuerza paquistaní a la retirada completa, fijando el tono para el resto de la guerra en el frente occidental.

El Marut permaneció en el centro de la acción durante la guerra de 13 días, bombardeando campos de aviación, bombardeando depósitos de municiones y golpeando tanques y artillería en las líneas de frente, volando más de 200 salidas y sufriendo tres pérdidas al fuego. Un cuarto Marut fue destruido en el suelo mientras que rodaba en la pista en Uttarlai por un F-104 Starfighter de la Fuerza Aérea Paquistaní.

Sin embargo, los HF-24 se jactaron de una alta tasa de servicio y resultó bastante difícil, con varios de los jets que logran volver a la base en un solo motor después de que el otro se disparó. El mayor Bakshi del Escuadrón 220 incluso anotó un tiroteo aire-aire en su Marut el 7 de diciembre cuando se lanzó sobre un F-86 Saber paquistaní, un caza a reacción de la Guerra de Corea.

Después del conflicto, hubo varias propuestas para mejorar el HF-24 mediante la instalación de motores más potentes - el Marut Mark 1R y 2 -, pero la Fuerza Aérea de la India tenía poco interés en invertir más en el Marut cuando podría adquirir más rápido y más pesado- Levantando a los cazabombarderos Su-7, MiG-23 y MiG-27 de la Unión Soviética.

El HF-24 comenzó a ser retirado gradualmente de los escuadrones indios en los años 80, con el último avión que se retiró del 31 Escuadrón en 1990. Muchos de los fuselajes habían visto solamente el uso muy limitado. Ahora los jets hechos en casa sirven, solamente como monumentos a través de la India.

Hay un par de lecciones a extraer de la historia del Marut. La primera considera que la mala planificación y la falta de dirección pueden paralizar incluso un proyecto prometedor. La burocracia y la corrupción han llevado a muchos proyectos de defensa india a arrastrarse tanto tiempo que los sistemas que se están adquiriendo están obsoletos en el momento en que se ha superado la burocracia.

Sin embargo, el principal problema subyacente en el programa Marut sigue siendo poco exclusivo de la India. En pocas palabras, la adquisición o construcción de potentes motores a reacción sigue siendo un gran obstáculo incluso para las naciones que poseen recursos financieros considerables, como China. Esto explica el interés continuo de Nueva Delhi en la adquisición de nueva tecnología de motores a reacción de Estados Unidos y Rusia.

La otra lección es que la aplicación efectiva puede ser más importante que maximizar los méritos técnicos. El Marut pudo haber sido un luchador mediocre, pero en Longewala, las habilidades del jet de ataque fueron llamadas exactamente donde eran necesarias, cuando eran necesarias y en una situación donde podrían tener el máximo impacto. Muchas armas técnicamente superiores nunca se emplean en circunstancias tan favorables.

Así, el caza a reacción Marut de la India, aunque considerado un diseño fracasado, más que sacó su peso en un combate real.

MRBM: Dongfeng 3 (China)

Cohete balístico de alcance medio Dongfeng 3 (China) 

 

Nombre oficial: Dongfeng 3 (DF-3) 
Nombre de información OTAN: CSS-2 
Tipo: MRBM, armado nuclear/convencionalmente 
Estado: En servicio 
Configuración: de una sola etapa, de combustible líquido 
Despliegue: Semi-móviles (trailer remolcado) 
Propulsor: dimetilhidracina asimétrica (UDMH) / Red ácido nítrico fumante (HNO3) 
Primera etapa del motor: YF-2 (cuatro YF-1), valorado en 1.020 kN 
Longitud: 20.65m 
Diámetro: 2,25 m 
Peso de lanzamiento: 65,000 kg 
Empuje: 1.040 kN 
Alcance: 2,660 km (DF-3); 2.810 kilometros (DF-3A) 
Masa del vehículo de reentrada: 1950 kg 
Cabeza: Una sola cabeza nuclear de 3.000 kT, o una convencional de HE 
Orientación: Inercial 
Precisión: 870m CEP 

El Dongfeng 3 (DF-3) es un misil balístico de sola etapa, de propulsión líquida de mediano alcance de misiles (MRBM) que entró en servicio operacional con el Segundo Cuerpo de Artillería del EPL en 1969. La mejorada Dongfeng 3A se lanzó por primera vez en 1988. El misil puede transportar una sola ojiva termonuclear de 3MT de ataque estratégico, o una cabeza de alto explosivo convencional para las misiones. El Dongfeng 3 ha ido eliminando gradualmente desde el servicio operativo desde finales de 1990. El Departamento de Defensa de EE.UU. estimó en su informe al Congreso en 2009 que cerca del 15 ~ 20 misiles Dongfeng 3 y 5 ~ 10 lanzadores que siguen en funcionamiento. Un número reducido de forma convencional con armas Dongfeng 3A fue exportado a Arabia Saudí en 1987. 

Programa 
El Dongfeng 3 es el primer misil balístico diseñado en la República Popular China de forma independiente. A través del desarrollo de Dongfeng 3, la República Popular China fue capaz de alejarse de la ingeniería inversa de los misiles R-2 soviéticos y desarrollar un nuevo misil desde el principio. La tecnología del Dongfeng 3 también representa el mayor logro de la República Popular China en la década de 1960 en el campo de las tecnologías de cohetes y misiles. El Dongfeng 3 también sirvió como banco de pruebas para el desarrollo de tecnologías y componentes para sistemas de misiles más sofisticados más tarde. 

El Dongfeng 3 se basó en el concepto de diseño de Dongfeng 1, un primer MRBM iniciado por la República Popular China en 1958. El programa Dongfeng 1 fue cancelado en 1962, pero sus tecnologías, incluyendo el motor de cohete de propulsión líquida y sistema de guía, fueron posteriormente adoptadas por el Dongfeng 3. El programa de Dongfeng 3 comenzó en 1963, con el objetivo de desarrollar un misil que podría llegar a las bases de EE.UU. en las Filipinas. El concepto de misiles de diseño fue aprobado en 1965, con el objetivo de tener el primer vuelo en 1967 y el diseño finalizado en 1969. 



Las pruebas de vuelo del misil se llevaron a cabo en dos fases. En la primera fase, los misiles fueron lanzados desde la base 20 (Centro Espacial y de Misiles Jiuquan) de alcance parcial de los vuelos. Después de tres intentos fallidos, el misil hizo su primer vuelo el 26 de mayo de 1967, con un rango de vuelo de 1.726 km. A partir de 1968, las pruebas del Dongfeng 3 fueron trasladados a una Base 25 de nueva construcción, (Centro Espacial y Misiles Taiyuan) para las pruebas de todo el rango de vuelo en la segunda fase de las pruebas de vuelo. El primer vuelo de alcance completo (2.517 km) de vuelo se realizó con éxito el 18 de diciembre de 1968. 

El Dongfeng 3 alcanzó la capacidad operativa inicial en 1969, con un pequeño número de los misiles entregados al Segundo Cuerpo de Artillería del ELLP. La prueba de vuelo con una ojiva nuclear simulada se llevó a cabo con éxito en julio de 1970, aunque el desarrollo y las pruebas de las ojivas "524" no se completaron hasta 1973. El Dongfeng 3 fue certificado para la finalización del diseño en agosto de 1980. Se estimó que 150 ~ 200 misiles estaban en el despliegue operacional. 

El EPL inició el programa de mejora de Dongfeng 3 en 1980, con el objetivo de resolver el problema de la escasa fiabilidad del motor del cohete y la simplificación de equipos del misil de lanzamiento. El resultado Dongfeng 3A fue probado por primera vez en 1984. Sin embargo los dos primeros vuelos en 1984, ambos fallaron. El diseño modificado se probó de nuevo en 1985 ~ 86, con dos pruebas con éxito. El Dongfeng 3A fue certificado para la finalización del diseño en agosto de 1988, con 50 ~ 100 misiles producidos para el despliegue operativo y de exportación. 

En 1987, la República Popular China vendió 30 ~ 120 misiles Dongfeng 3A con ojivas convencionales, así como 9 ~ 12 lanzadores a Arabia Saudita. Estos sistemas fueron entregados se informa en 1988, aunque no se sabe lanzamiento de prueba se ha hecho nunca en el país. No se sabe si estos misiles están aún en funcionamiento. 

 
Dongfeng 3A (Fuente: Internet en China) 

Diseño 
El Dongfeng 3 es un misil de 20.65m de longitud y 2,25 m de diámetro. El misil utiliza el motor cohete YF-2, que consta de cuatro motores YF-1 de 260kN de empuje en cámaras colocadas en paralelo. El motor se quema una propulsión líquida con dimetilhidracina asimétrica (UDMH) como combustible y ácido nítrico fumante rojo (HNO3) como oxidante. El misil utiliza un sistema de compensación en cascada de guía inercial, con una precisión estimada de 870 CEP. La variante básica Dongfeng 3 tiene un alcance de 2.660 km, y la mejora de 3A Dongfeng tiene un alcance de 2.810 kilometros. 

 

DF-3 en servicio en Arabia Saudita


El Dongfeng 3 fue el primer misil de la RPC en ser armado con una ojiva termonuclear. Una sola cabeza nuclear con un rendimiento diseñado de 3MT puede ser transportado por el misil. Por otra parte, el misil se configura una forma convencional de llevar una sola ojiva de alto poder explosivo. El misil es el camino-móvil en un carro remolcado por camión 8x8, y se lanza desde un punto de lanzamiento pre-encuesta encuentra cerca de su base. El misil se necesitan 2 horas para la carga de combustible y la preparación antes de disparar. 

Última actualización: 01 de noviembre 2010 

 

Sinodefence