miércoles, 30 de junio de 2010

Subfusiles: Los microcalibres

Subfusiles: Los microcalibres


Cuatros informes de subfusiles modernos que utilizan munición microcalibrada, básicamente munición de fusil de asalto tradicional reproducida a una escala más pequeña. El resultado es una munición que atraviesa las armaduras de protección individual de la tropa más modernos. Asimismo, permiten mejorar el nivel de retroceso (ayudando a la precisión del disparo) y aumentar la capacidad de carga de municiones. Los calibres están lejos de ser estándares y básicamente cada arma tiene su propia munición. Así, podemos ver calibres como los 5.7x28mm de la P90 belga, 6.5x25mm de la CBJ-MS sueca, 4.6x30 de la MP7A1 alemana o 5.56x30mm de la MSMC india. ¿Cual prevalecerá? Aparentemente las excelentes propiedades balísticas de la 4.6x30mm de la MP7 ya han hecho que se creen modelos europeos con ese mismo calibre, pero todavía no hay nada dicho. En Argentina ya ha ingresado en servicio la P-90 en las fuerzas especiales de la Gendarmería Nacional Argentina y en la Agrupación de Buzos Tácticos (APBT) de la ARA.



Arma de defensa personal/subfusil ametrallador FN P90 (Bélgica) 
 

 
Arma personal de defensa /subfusil ametrallador FN P90 en configuración básica, izquierda 
 
Arma personal de defensa FN P90/subfusil ametrallador en configuración básica, derecha 
 
Arma personal de defensa /subfusil ametrallador FN P90 TR (versión de triple rail), con accesorios instalados incluyendo mira óptica en la baranda superior, la linterna en la baranda izquierda, y el silenciador en el cañón de arma de fuego 
 
FN PS90 - solamente una versión semiautomática civil de P90 con el cañón de arma de fuego largo 
 
Vista inferior sobre el alimentador archivado del FN P90, demostrando la posición de los cartuchos y del cartucho almacenados en la posición de la alimentación 
 
FN P90 desmontado parcialmente 


Calibre: 5.7x28mm SS190 
Peso: 2.54 kilogramos vacio; 3 kilogramos cargados con el alimentador con 50 cartuchos 
Largo: 500 milímetros 
Largo del cañón de arma de fuego: 263 milímetros 
Índice de fuego: 900 cartuchos por minuto 
Capacidad del alimentador: 50 cartuchos 
Alcance efectivo: 200 metros 


El subfusil ametrallador FN P90 (SMG) fue desarrollado a finales de los '80 como arma personal de defensa para las tropas cuyas actividades primarias incluyeran armas ligeras como las pistolas y subfusiles, tales como dotaciones de vehículo, piezas de artillería y dotaciones de tanques. La versión estándard de las municiones de pistolas y subfusiles era ineficaces probadamente contra los soldados enemigos usando chaleco antibalas; Por lo tanto los proyectistas del FN primero desarrollaron un nuevo cartucho con la penetración realzada, conocida inicialmente como SS90. Para alcanzar la alta penetración necesaria mientras que mantenía impulso del retroceso inferior, el FN utilizó una aproximación small-bore, creando un cartucho que se parecía a un cartucho 5,56 NATO pero reducido. Debe ser observado que conceptos similares fueron intentados en otros países, especialmente en los EE.UU., varias décadas antes del FN; por ejemplo, el Ejército del EE. UU. probó las carabinas M1 "camarizadas" para el cartucho .221 Johnson Spitfire a finales de la década de 1950; después, Colt produjo su munición .22 de SCAMP y de 5,6x30 MARS para la ametralladora especial SCAMP y el "mini fusil de asalto" MARS (un fusil hecho a escala inferior del M16) respectivamente. Debe ser observado que la ronda 5,6x30 MARS era en cierto modo un precursor directo a la ronda 5,7x28 FN SS90, aunque estes último ofrecía una bala levemente más liviana y más rápida. A finales de los 80s, el concepto de un "arma personal de la defensa" (PDW) con retroceso bajo y ánima pequeña con buena exactitud y mortalidad en los radios de acción de hasta 200-250 metros fueron establecidos, aunque no hubiera armas adoptadas para el servicio todavía. El FN decidía seguir este concepto y crear su propio PDW usando la aproximación de partir de cero. Las ideas básicas usadas para este desarrollo, señalado como "Project 9.0", incluyeron el siguiente: tamaño y peso mínimos del arma; capacidad grande del alimentador; terminación ambidestreza; facilidad de empleo y mantenimiento. 

Para ahorrar en tamaño y peso, los proyectistas del FN pusieron la nueva arma con culata compacta y ligeras en el plano bullpup, hechas del polímero resistente a los choques. El alimentador de gran capacidad también fue hecho del polímero semitranslúcido, y lleva a cabo 50 cartuchos en dos filas. Al compacto cargado hecho del arma tan como sea posible, los proyectistas del FN siguieron la idea del proyectista americano Hall, y colocaron el alimentador sobre los cañones de arma de fuego, con los cartuchos almacenados en la posición horizontal con las balas apuntando a la izquierda. Mientras que el sistema de Hall White empleaba una unidad rotativa de alimentación, operada por el cerrojo, para poner el nuevo cartucho conforme al cañón de arma de fuego, los proyectistas del FN incorporaron una rampa espiral estacionaria en cada alimentador, que gira 90 grados el cartucho antes de colocarlo en los labios de la alimentación. La ambidestreza completa fue alcanzada usando mandos ambidextros (mangos que cargan dobles incluyendo y las miras abiertas de reserva dobles), y la expulsión inferior. Finalmente, la simplicidad de apuntar fue alcanzada por medio del tipo reflejo integral mira que enfocaba y laser integral que apuntaban el módulo (LAM). 

El arma resultante apareció adentro alrededor 1990 como arma personal de defensa FN P90, junto con la munición perfeccionada de 5,7x28 SS190, que reemplazó a las balas vaciadas de polímero por balas más pesadas del doble núcleo (acero/aluminio) con una mejor penetración contra chalecos antibalas. Varios otros tipos de munición fueron desarrollados para esta arma, incluyendo trazador, bala subsónica y bala de entrenamiento de núcleo suave. 

 
Arma y cargador 

Las primeras ventas de P90 fueron hechas a Arabia Saudita a principios de los 90; se cree hoy que la FN vendió más de 20.000 P90s a una gran variedad de agencias policiales y de unidades militares de operaciones especiales por todo el mundo, incluyendo el Servicio Secreto de EE.UU., los guardias del ejército austríaco, las fuerzas de operaciones especiales holandesas BBE, el ejército belga, FFEE especiales peruanas y FFEE de la GNA en Argentina entre otros. El hecho interesante sobre la adopción de P90 es que se ha adoptado hasta ahora para el papel directo frente a su lugar original de "arma personal de la defensa". De hecho, la mayoría de los servicios y de las dependencias que adoptaron el uso P90 para papeles ofensivos, como especialista o aún un arma primaria para los varios equipos del asalto, y otros "usuarios de las pequeño-armas del profesional", en comparación con los personales militares que las funciones primarias no incluyen el uso de armas ligeras. 

En alrededor 1995 el FN complementó el P90 con la pistola, disparando la misma munición 5,7x28, señalada como FN Five-seveN. Recientemente, el FN también introdujo una versión civil de P90, señalada como carabina PS90. Esto es un arma autocargante con un cañón de arma de fuego más largo (408 milímetros/16 "). 

El arma personal de defensa FN P90 es un arma de disparo selectivo operada por retroceso de masas que dispara con cerrojo cerrado. El disparo es controlada por una unidad que se puede quitar del gatillo con el martillo convencional. Un seguro manual está situado directo abajo del gatillo. El alimentador recae en la parte superior del arma, la alimentación se hace desde adelante hacia atrás, con la rampa espiral construida en la parte "de atrás" del alimentador. Los cartuchos gastados son expulsada a través del conducto de la ranura derecha, que sale apenas detrás del pistolete. El equipo estándar de visión incluye una mira de enfoque con el retículo de puntería iluminado de "anillo y punto". Las miras abiertas de reserva se ofrecen en cualquier lado de la mira de enfoca primario. La versión supuesta de P90 USG se proporciona dos barandas adicionales de Picatinny en cualquier lado de la base de mira que enfoca; FN también ofrece una versión sin el equipo estándar de mira; el usuario tiene que tomar su propia decisión de las miras del día y/o de la noche y del equipo adicional, que se pueden instalar en tres raíles de Picatinny - superior, izquierda o derecha. Esta versión se señala como P90 TR (baranda triple). La parte delantera del asidero delantero en P90 se da forma como protector de la mano, y puede contener el laser integral que apunta el módulo, que envía visible o IR de rayo láser para marcar el objetivo previsto. Para misiones especiales P90 se puede ajustar con un silenciador especial, que se utiliza conjuntamente con la munición subsónica especial. 

World Guns


Subfusil ametrallador CBJ-MS PDW (Suecia) 




 
Subfusil ametrallador CBJ-MS PDW 
Imagen de Olof Janson © 

 
Subfusil ametrallador CBJ-MS PDW con el alimentador de repuesto en la mordaza delantera y mira del punto de mira 
Imagen de Olof Janson © 

 
Subfusil ametrallador CBJ-MS PDW con el alimentador redondo de tambor de 100 municiones, la mira del punto de mira y el bipode opcional 
Imagen de Olof Janson © 

 
La munición del subfusil ametrallador CBJ-MS PDW 6.5x25 (arriba) comparado al estándar Luger de 9x19 Parabellum/OTAN (inferior) 
Imagen de Olof Janson © 

Calibre 6.5x25 CBJ-MS (también Luger/Parabellum de 9x19mm) 
Peso 2.8 kilogramos (6.2 libras) vacia 
Longitud (culata cerrad/abierta) 363/565 milímetros 
Longitud del cañón de arma de fuego 200 milímetros 
Índice de fuego 700 rondas por minuto 
Capacidad del alimentador 20, 30 o 100 
Alcance efectivo hasta 400 metros 


El arma de defensa personal CBJ-MS (conocida provisionalmente durante principios de 2000s como SAAB-Bofors CBJ-MS PDW) es una creación de un proyectista de armas sueco llamado Bertil Johannson, que estableció una fabrica de armas AB Tech CBJ, que está situada en Suecia. El CBJ-MS representa un "sistema modular de CBJ". La asociación de SAAB-Bofors fue temporal, pues esta corporación de la industria militar sueca patrocinó brevemente este proyecto durante principios de los 2000s, cuando los militares británicos expresaron su interés en sistema de CBJ-MS como posible arma de defensa personal. Para el interés británico de las varias razones en CBJ-MS disminuido rápidamente, el anuncio SAAB-Bofors se retiró del proyecto, pero la compañía de la tecnología de CBJ todavía continúa el desarrollo de este sistema interesante del arma (arma + munición). 

La base del sistema de CBJ-MS es su munición especial, marcada nominalmente como 6,5x25, que dispara una variedad de proyectiles de alta velocidad. El cargamento primario es un proyectil sub-calibrado sabot de tungsteno, con el calibre de 4mm (0.16 ") y el peso de 2 gramos (grano 31). Este proyectil perforante de blindaje es cubierto en el casquillo ligero de polímero, y cuando está disparada a partir de cañón de arma de fuego del subfusil ametrallador de 200mm (8 "), la velocidad de boca es tan alta como 830 m/s (2723 fps). Esto ofrece la penetración significativa del blindaje, derrotando el objetivo estándar de CRISAT en 230 metros o el blindaje de acero laminado 7mm en 50 metros. Para el uso contra objetivos desprotegidos, CBJ ofrece las balas sub-calibradas tipo cuchara inclinadas de 4mm, que se derrotan fácilmente sobre impacto con el cuerpo, hiriendo significativante al herido. La misma cartuchera también se puede cargar con las balas del calibre completo de 6.5mm de varios diseños. Debe ser observado que la munición de 6.5x25 CBJ se puede utilizar en una variedad de armas, originalmente "camarizada" para la munición 9x19, con apenas el reemplazo del cañón de arma de fuego y de los resortes de retorno, pues el caso de CBJ se basa en una versión estirada del 9x19 y ajustada hasta el calibre 6.5mm. 

El arma de defensa personal PDW de CBJ-MS es un subfusil ametrallador operado por retroceso, de fuego selectivo que se basa en el ampliamente conocido subfusil ametrallador israelí UZI. El cañón de arma de fuego de CBJ-MS PDW es rayado, y se puede quitar fácilmente de la pistola para el mantenimiento o el reemplazo (con el cañón de arma de fuego de mismo o alternar calibre). El CBJ-MS PDW dispara a cerrojo abierto en la configuración estándar, pero un sistema alternativo de aguja percutora separada se pueden instalar para disparar a cerrojo cerrado (para una exactitud más alta del primer tiro). Los modos de fuego (tiros únicos o automático completo) es seleccionada por el tirón en el gatillo - los resultados del tirón corto son tiros únicos, y el tirón integral da lugar a fuego automático. El mango que carga está situado en el dorso del arma, es completamente ambidextro y no se mueve cuando se dispara el arma. El alimentador se inserta en pistolete del arma, y un alimentador de repuesto de la caja se puede llevar insertada en la mordaza delantera. El alimentador estándar es de magazine, llevando 20 o 30 cartuchos, pero un alimentador de tambor de 100 rondas de gran capacidad también se desarrolla para los usos especiales. El CBJ-MS PDW se equipa de miras abiertas ajustables, y una baranda Picatinny se proporcionar en la capota del receptor para la instalación de varias miras ópticas. El CBJ-MS PDW se equipa de culatas plegables/retractable hechas del alambre de acero, y se puede ajustar con el bipode desmontable. 







Gracias especiales a Olof Janson (Suecia) por imágenes y la información. 
World Guns

Heckler & Koch MP7 (Alemania) 

 
El MP7 es un subfusil alemán fabricado por Heckler & Koch (H&K) y calibrada para el cartucho 4.6x30mm. Fue diseñado en conjunto con el nuevo cartucho para cumplir con los requisitos de la OTAN, publicado en 1989 pidiendo un arma de fuego de clase arma de defensa personal (PDW) con una mayor capacidad para derrotar chalecos antibalas que las armas actuales, que son limitadas debido a la utilización de cartuchos de pistola convencional. El MP7 entró en producción en 2001. Es un rival directo de la FN P90, también desarrollado en respuesta a la exigencia de la OTAN. El arma ha sido revisado desde su introducción y la versión de producción actual es el MP7A1. 

La proliferación de chalecos antibalas de alta calidad ha comenzado a hacer armas de fuego que la munición de pistola (como los HK MP5 o USP anteriores) ineficaz. En respuesta a esta tendencia, HK diseñó la MP7 (junto con la nueva marca UCP, que utiliza la misma munición) para penetrar chalecos antibalas, pero lo suficientemente pequeño para ser usado en lugar de una de una pistola o una metralleta. 

Detalles de diseño 

 
Un MP7A1 en muestra como parte del programa de modernización alemán IdZ. 

El MP7 funciona básicamente como un fusil de asalto a escala reducida, con la misma acción que el HK G36 . Se dispara una ronda de diseño especial, anti-blindaje con una velocidad de salida casi tan alta como la del cartucho de 5.56x45mm OTAN utilizado por muchos fusiles modernos. La munición es única entre los subfusiles en que la bala se hace casi en su totalidad de un penetrador de acero templado suave en lugar de bronce o de plomo. La munición es prácticamente exclusiva del arma (con excepción de la H&K UCP y una variante prevista de la Brügger & Thomet MP-9) y también ofrece bajo retroceso. La ronda también tiene un pequeño diámetro (casi se puede describir como un .223 Remington reducido), lo que permite alta capacidad en una cargador muy pequeño. 
El arma convencional permite un cargador de 20, 30 o 40 rondas para estar en forma dentro de la empuñadura de la pistola (el primero es comparable en tamaño a un cargador de 15 balas de 9mm, mientras que el segundo se compara con un cargador de 30 balas de 9mm). El arma cuenta con una palanca ambidiestra para seleccionar el fuego y el armado del arma. Tiene una culata extensible y plegables de empuñadura delantera, sino que puede ser despedido o bien con una sola mano o con dos manos-. Es compacto y ligero y se utilizan polímeros en su construcción. 

El MP7 se comercializa como un competidor directo a la FN P90. Algunos observadores hacen la distinción que el MP7 se acerca más a una pistola ametralladora más que una metralleta o subfusil. El FN P90 dispone de un diseño de retroceso más simple que dispara con cerrojo cerrado, así que no hay cerrojo rotatorio o el sistema de gas, pero es más voluminoso y pesado que el MP7. 


Calibre: HK 4.6x30mm
Peso: 1,5 kg vacía
Longitud (culata cerrada / abierta): 340 / 540 mm
Longitud del cañón: 180 mm
Cadencia de fuego: 950 disparos por minuto
Capacidad del cargador: 20 o 40 proyectiles
Alcance efectivo: 150-200 metros

Variantes 
 
Un MP7A1 de reciente producción (nótese el seguro) del Bundeswehr con una mira reflex de punto rojo Zeiss RSA[1] y un módulo de luz láser LLM01. 

PDW: El primer prototipo mostrado en 1999 fue designado el PDW "(Personal Defence Weapon). Tenía un carril Picatinny corto en la parte superior y una superficie suave empuñadura de pistola. 
MP7: En 2001 fue nombrado el "MP7" y entró en producción. Se incluye un riel Picatinny de cuerpo entero, una culata marcadamente curvada y una superficie anti-deslizante en la empuñadura de la pistola muy parecida a la HK UCP. También con miras plegables de hierro montado en el carril Picatinny y el botón para plegar el empuñadura delantera se hizo más grande para facilitar la operación. 
MP7A1: En 2003 su denominación fue cambiada a "MP7A1", e incluyó una empuñadura de pistola rediseñado con una superficie diferente y la forma curva, una culata más pequeña con una terminación de culata recta, montaje lateral de rieles Picatinny de serie y las miras de hierro plegado se hicieron más compactas. El arma se hizo un poco más larga, pero dado que la culata fue acortada, la longitud total no cambiaron. La culata también es capaz de ser bloqueado en 3 posiciones. Recientes modelos MP7A1 tener un seguro del gatillo similar a una pistola Glock, la sección central del gatillo deberá ser presionado antes de la parte externa se moverá. Esto ayuda a evitar descargas accidentales si el gatillo se dispara. 

 

Accessorios 
 
MP7A1 con supresor, ópticas y cargador de 40 balas. 

El arma cuenta con carriles Picatinny en la parte superior del cuerpo que lo ocupa enteramente, que viene de serie miras traseras y delanteras de hierro adjuntas y plegables. Cuando las miras están dobladas en forma plana, se parecen a simples miras abiertas. Plegadas, cuentan con miras de apertura. Las miras se pueden quitar fácilmente aflojando un tornillo y levantándolo. Puede ser provisto con carriles adicionales en los costados del cañón, que le permite montar miras ópticas comerciales (telescópica y mira de punto rojo), módulos de puntería láser (LAM), y linternas tácticas. El MP7 también puede aceptar un supresor. 

 

 

Wikipedia 
Famous-Guns

Original Video - More videos at TinyPic


Modern Sub Machine Carbine / MSMC (India) 

 
La Modern Sub Machine Carbine / MSMC con la opción de visor de punto rojo ITL-MARS de fabricación israelí instalado en el carril Picatinny. 

Calibre 5.56x30 MINSAS 
Peso 2,98 kg vacío 
Longitud (culata cerrada / abierta) 500 / 700 mm 
Longitud del cañón 300 mm 
Capacidad del cargador de 30 balas 


La Modern Sub Machine Carbine / MSMC nació del programa INSAS (Indian Small Arms System), que originalmente incluía tres armas - el fusil de asalto INSAS 5.56mm rifle, la ametralladora automática de escuadrón de 5.56mm INSAS / LMG, basado en el rifle, y una carabina compacta. El fusil INSAS y el LMG ya están en servicio con las fuerzas armadas indias, pero el programa original de INSAS carabina enfrentan varias dificultades. Como resultado, se decidió diseñar una carabina en torno a pequeñas rondas, basado en el cartucho reducido de 5.56mm. La nueva ronda parece ser de un mismo concepto que experimental estadounidense Mars Colt, como lo ha hecho un cuello de botella de 30 mm de largo del casquillo, cargador ligero, señalando la bala con un alma de acero penetrador. El peso de la bala es de 2,6 gramos y velocidad de salida del cañón de la carabina de 300mm está en la lista de 650 m / s, lo que resulta en el valor boca de energía de 550 julios - similar a los cartuchos de pistola moderna. El cartucho, conocido como 5.56x30 MINSAS, ofrece alcance efectivo de unos 200 a 300 metros, con una buena penetración contra chalecos antibalas. Las carabinas iniciales para esta ronda, conocida como MINSAS, se basaron en el fusil INSAS, aligerado y reducido a la ronda acortada. El MSMC, sin embargo, se deriva de esto teniendo más compacto, el diseño tipo pistola, que también ofrece un mejor equilibrio y una mejor maniobrabilidad, especialmente en espacios confinados. 

 


La Modern Sub Machine Carbine / MSMC no sólo está destinado a las tropas indias de Operaciones Especiales, sino que también puede hacer una buena arma de Defensa Personal para vehículos y equipos de retaguardia y otro personal no de infantería que operan en zonas de combate. A partir de ahora (primavera 2010), la Modern Sub Machine Carbine / MSMC está en su fase final de T & E por el ejército indio. 

La Modern Sub Machine Carbine / MSMC es un arma operada por gas, utilizando el cerrojo giratorio y un pistón de gas, que se encuentra por encima del cañón. El receptor parece estar hecha de chapa de acero, con carcasa de polímero exterior con empuñadura de pistola integral. Los cargadores se insertan en la culata del pistolete. La culata es de tipo telescópico. El selector de modo Seguridad / modo de fuego es ambidiestro y convenientemente ubicado encima del gatillo. Miras normales de hierro se complementan con el riel Picatinny, que puede albergar una amplia gama de equipos diurnos y equipos de avistamiento nocturno. Otro accesorio poco común para la Modern Sub Machine Carbine / MSMC es el terminal de bayoneta, que se encuentra por encima del barril, justo en frente del receptor. 

Fuente

miércoles, 16 de junio de 2010

Segunda Guerra Mundial: El frente oriental y la Operación Barbarossa

LA INVASIÓN DE RUSIA 

por el General Heinz Guderian 

 

Autor del libro Achtung, Panzer! donde deja establecidos los principios de lo que fue la «blitzkrieg» (guerra relámpago), el General Heinz Guderian, a la cabeza de sus panzers, había sido el principal artífice de las victorias alemanas en Polonia y en Francia. Estas páginas fueron traducidas y extraídas de su libro de memorias, Erinnerungen Eines Soldaten, publicado en 1954, en donde evoca la fulgurante ofensiva de sus tanques al comienzo de la Operación Barbarroja. Pero demuestra también cuál fue su drama de conciencia cuando estimó que su deber era oponerse a las órdenes de Hitler y de los jefes nazis. 

El 14 de Junio, Hitler reunió a sus generales en Berlín a fin de exponerles sus motivos para atacar a Rusia. Dada la imposibilidad de derrotar a Inglaterra, dijo en sustancia, tenía que triunfar en el continente; ahora bien, las posiciones alemanas en Europa no serían inexpugnables hasta que Rusia fuese aplastada…Estas justificaciones de la guerra preventiva contra Rusia no eran convincentes. Mientras la lucha prosiguiese en el oeste, toda nueva empresa militar equivaldría a abrir la guerra en dos frentes. En 1914, esta misma situación había conducido a la derrota, y la Alemania de Adolf Hitler no parecía mejor armada que la del Kaiser. De ahí que la asamblea acogiese sin comentarios el discurso de Hitler, en medio de una atmósfera muy tensa. Ningún intercambio de opiniones se produjo y nos separamos en silencio. 
  
Antes de describir los acontecimientos, lancemos una breve ojeada sobre la situación de conjunto del ejército alemán al comienzo de esta decisiva campaña a Rusia. Según los informes de que disponía, las 205 divisiones alemanas se distribuían, el 22 de Junio de 1941, de la manera siguiente: en el oeste habían quedado 38 divisiones, 12 se hallaban en Noruega, una en Dinamarca, 7 en los Balcanes, 2 en Libia; así, pues, 145 divisiones se encontraban disponibles para la campaña del Este. Esta división de las fuerzas demostraba un lamentable desmenuzamiento de su poder. La cifra de 38 divisiones para el oeste, más 12 para Noruega, parecía exagerada. Además, la campaña de los Balcanes tuvo como consecuencia demorar el ataque a Rusia. 
Pero la subestimación del adversario ruso tuvo un efecto aún más grave. Los informes del ejército, sobre todo los del general Koestring, nuestro excelente agregado militar en Moscú, sobre la potencia militar del gigantesco imperio soviético, encontraron tan poco eco en Hitler, como los informes sobre la capacidad de producción industrial o la solidez de la cohesión interna del régimen. En cambio, Hitler había logrado transmitir su optimismo irracional a su camarilla militar, y el O.K.W. (Oberkommando der Wehrmacht) y el O.K.H (Oberkommando der Heeres), convencidos de que la campaña habría terminado antes del comienzo del invierno, no habían previsto el equipo apropiado, en el ejército de tierra, más que para un hombre de cada cinco. Hasta el 30 de Agosto de 1941, el O.K.H. no se ocupó seriamente de dotar con este equipo a las unidades más importantes. No puedo en modo alguno admitir una afirmación que se oye ahora de vez en cuando: «Hitler fue el único culpable de que faltase ropa de invierno a las fuerzas terrestres en 1941». La Luftwaffe y las Waffen S.S. se hallaban, en efecto, ampliamente provistas y habían recibido estos equipos a su debido tiempo. Pero el mando supremo soñaba con vencer militarmente a Rusia en una ocho o diez semanas y provocar después el derrumbamiento político. Tan firmemente confiaba en este proyecto quimérico que, ya en 1941, se operó la reconversión de la industria que trabajaba para el ejército de tierra hacia otros sectores de la economía. Inclusive se pensó en volver a traer a Alemania, al comienzo del invierno, de 60 a 80 divisiones del este, con el convencimiento de que el resto de las fuerzas bastaría para contener a Rusia durante la estación invernal; en cuanto a las tropas que quedasen en Rusia, al terminar las operaciones de otoño, se pretendía que invernasen en buenos acantonamientos, en una línea de apoyo. Todo parecía muy sencillo y regulado a las mil maravillas. Se rechazaron las objeciones con optimismo. La narración de los acontecimientos demuestra cuán alejados de la dura realidad estaban estos proyectos. 
Mencionaremos aún otro asunto que, más adelante, fue muy perjudicial para el prestigio alemán. Poco antes del comienzo de las hostilidades, una orden del O.K.W. sobre el trato que debía darse a las poblaciones civiles y a los prisioneros de guerra en Rusia, fue transmitida directamente a los cuerpos de ejército. Con arreglo a estas disposiciones, ya no era obligatorio aplicar el código de justicia militar para sancionar las crueldades cometidas contra la población civil y los prisioneros de guerra, sino que cada caso debería someterse a la apreciación de los superiores. Esta orden podía perjudicar gravemente la disciplina. Prohibí divulgarla entre mis divisiones y ordené su devolución a Berlín. Otra orden, igualmente injusta, disponía la ejecución inmediata de los comisarios políticos, es decir, de los miembros del partido comunista destacados cerca de los jefes militares capturados. Si bien, al parecer, fue recibida en el grupo de ejércitos del centro, jamás llegó a conocimiento de mis unidades. Retrospectivamente, no puede menos que lamentarse que estas órdenes no hubiesen sido anuladas por el O.K.W. o el O.K.H., evitando el desprestigio del buen nombre alemán y los amargos sufrimientos de soldados irreprochables. Poco importaba que los rusos se hubiesen o no adherido a los convenios de La Haya o que hubiesen reconocido o no la Convención de Ginebra; los soldados alemanes debían ajustar su actitud a estas prescripciones internacionales y a los imperativos de su fe cristiana. Aún sin estas órdenes excesivas, ya la guerra pesaba abrumadoramente sobre la población civil rusa, la cual tenía tan poca responsabilidad como la nuestra en el desencadenamiento de las hostilidades. 
  
Así pues, el 22 de Junio, las tropas alemanas cruzaron la frontera. En unas cuantas semanas realizaron un enorme avance. En el centro, Smolensk fue tomada en el transcurso del mes de Julio. Moscú sólo se encontraba a 300 kilómetros. Al norte, los ejércitos marchaban a buen paso hacia Leningrado, mientras que al sur amenazaban a Kiev. El 23 de Agosto fui citado a una conferencia en el grupo de ejércitos. El jefe del Alto Estado Mayor del Ejército, general Halder, asistió a ella. Me comunicó que, de ahora en adelante, Hitler estaba decidido a renunciar a las operaciones previstas tanto hacia Leningrado como en dirección a Moscú; quería apoderarse en primer término de Ucrania y de Crimea. Se discutió largamente sobre la manera de modificar «la inquebrantable decisión» de Hitler. Considerábamos unánimemente que la solución, adoptada ya irrevocablemente, de dirigir nuestro esfuerzo en dirección a Kiev, nos llevaría inevitablemente a una campaña de invierno y provocaría las complicaciones que el O.K.H. tenía poderosas razones para evitar. 
Después de largas y estériles discusiones, el mariscal von Bock propuso que yo acompañase al general Halder al cuartel general del Führer, para exponerle nuestra posición. Como yo venía directamente del frente, creí que mis argumentos tendrían más peso y podría lograr que se nos permitiese hacer un último ataque contra Moscú. Se aceptó el proyecto, partimos a media tarde y, a la hora del crepúsculo, aterrizamos en el aeródromo de Loetzen, en Prusia Oriental. Fui a ver a Hitler. Ante un vasto auditorio del que formaban parte Keitel, Jodl, Schmundt y otros generales del O.K.W., pero, desgraciadamente, ningún representante de las fuerzas terrestres. Hice una exposición de la situación de mi panzergruppe, de su estado y de la configuración del terreno. Cuando terminé, Hitler me preguntó: 
-¿Después de lo que acaban de hacer, considera usted aún capaces a sus unidades de realizar un gran esfuerzo?- 
-Sí, siempre que se fije a las tropas un objetivo cuya importancia pueda ser comprendida por cualquier soldado- respondí. 
-Evidentemente, piensa usted en Moscú- replicó Hitler. 
-Sí- dije. –Puesto que ha abordado el tema, permítame que le explique mis razones- 
Hitler consintió en ello. Le expuse detalladamente los motivos a favor de la prosecución de las operaciones hacia Moscú y en contra de la marcha sobre Kiev. Expliqué que, desde el punto de vista militar, lo más importante era destruir las fuerzas combatientes del enemigo, ya muy debilitadas en los últimos encuentros. Describí la importancia geográfica de la capital de Rusia. A diferencia de París para Francia, Moscú no era solamente el centro de la red de transportes, de transmisiones y el corazón político del país, sino también una importante zona industrial; su caída causaría una inmensa impresión tanto en el pueblo ruso como en el mundo. Hablé de la moral de la tropa que sólo esperaba la orden de marchar sobre Moscú y se había preparado con entusiasmo para ello. Traté de demostrar que, una vez iniciado el ataque en la dirección decisiva, los territorios de Ucrania, tan importantes desde el punto de vista económico, caerían como fruta madura en nuestro poder, pues los desplazamientos de norte a sur de los rusos se complicarían notablemente a causa de la desorganización que la toma de Moscú causaría en sus comunicaciones. Describí el estado de las carreteras en el sector de ofensiva que me había sido asignado y las dificultades de abastecimiento, que aumentarían de día en día en el caso de avanzar hacia Ucrania. Mencioné, en fin, los graves problemas que suscitaría una demora de las operaciones. Si estas tenían que proseguir durante el período de mal tiempo, sería entonces demasiado tarde para llevar a cabo los proyectos del Estado Mayor y asestar el golpe definitivo sobre Moscú antes de terminar el año 1941. 
Hitler me dejó hablar sin interrumpirme ni una sola vez. Después tomó la palabra y explicó con todo detalle por qué había preferido adoptar otra decisión. Las materias primas y la base de abastecimiento de Ucrania, explicó en particular, eran de vital necesidad para proseguir la guerra. A partir de ahí, continuó subrayando la importancia de Crimea, «portaaviones natural que podía servir a la Unión Soviética para lanzarse sobre el petróleo rumano». Había que eliminarla de la partida. Por primera vez oí la frase: «Mis generales no entienden nada de la economía de guerra». También por primera vez fui testigo de una escena que iba a repetirse muy a menudo: todos los presentes aprobaban cada frase de Hitler, y yo me encontré solo frente a él. Ante el bloque compacto de la O.K.W., contradiciéndome, renuncié a luchar aquel día, pues en esa época todavía creía que nadie podía permitirse hacer una escena violenta al jefe supremo de Reich en presencia de su camarilla. Era más de medianoche cuando regresé a mi alojamiento. El 24 por la mañana fui a ver al general Halder y le informé del fracaso de la última tentativa por hacer cambiar de opinión a Hitler. 
Con arreglo a las órdenes del Führer, la batalla de Kiev se entabló el 25 de Agosto. Los combates terminaron victoriosamente el 26 de Septiembre. Los rusos capitularon. La cifra de prisioneros se elevó a 665.000 hombres. El general en jefe del frente sudoeste y su jefe de estado mayor perecieron en los últimos encuentros intentando perforar nuestro frente. El general que mandaba el Vº ejército fue hecho prisionero. Tuve con él una conversación interesante: 
-¿Cuándo se enteró usted de que mis tanques se desplegaban a su espalda?- pregunté. 
-Hacia el 8 de Septiembre- respondió. 
-¿Por qué no evacuó Kiev en aquel momento?- insistí. 
-Habíamos recibido la orden de evacuar y retirarnos hacia el este, y ya nos disponíamos a cumplirla, cuando una contraorden nos obligó a defender Kiev a toda costa- 
La ejecución de la contraorden tuvo como consecuencia el aniquilamiento de aquel grupo de ejércitos. Nos asombramos de semejante intervención. El enemigo no volvió a repetirla. Pero nosotros padecimos, desgraciadamente, las peores intromisiones del mismo orden. Sin duda esta victoria representaba un gran éxito táctico, pero era dudoso que produjese consecuencias estratégicas de importancia. Eso dependía de una cosa: ¿lograrían los alemanes obtener resultados decisivos antes del invierno, e inclusive antes de que, ya entrado el otoño, la tierra se convirtiera en un barrizal? Desde luego, ya había sido preciso renunciar al ataque proyectado para estrechar el cerco de Leningrado. Sin embargo, el O.K.H. creía que el adversario no estaba ya en condiciones de oponer al grupo de ejércitos del sur un frente de defensa coherente y capaz de ofrecer una seria resistencia. Con aquel grupo de ejércitos podría, pues, conquistar la cuenca del Donetz y llegar al Don antes del invierno. Pero Moscú era el punto donde había que asestar el golpe principal con el grupo de ejércitos del centro reforzado. ¿Tendríamos tiempo para ello? 
La ofensiva sobre Orel-Briansk constituía una fase preliminar del ataque a Moscú. Una vez más concluyó victoriosamente la batalla, pero ¿tendríamos fuerza para proseguir el ataque y explotar la victoria? Esta era la interrogación más grave que la guerra había planteado hasta entonces al mando supremo. Mientras las operaciones de invierno proseguían de este modo, nos preocupábamos de alimentar a Alemania, a nuestros ejércitos y a la población civil rusa. Después de las abundantes cosechas del otoño de 1941, se encontraba en todo el país gran cantidad de cereales panificables. Tampoco había escasez de ganado para el matadero. Las necesidades de las tropas fueron cubiertas y como el lamentable estado de las vías férreas, hasta la primavera de 1942, impedía al IIº ejército blindado enviar estos productos a Alemania, se entregaron a la población, especialmente a la de Orel. Algunas fábricas de esta ciudad, cuya maquinaria no pudo ser evacuada por los rusos, se pusieron de nuevo en servicio para cubrir las necesidades del ejército y dar trabajo y pan a la población civil. Esto sucedió con una fábrica de hojalata y con talleres que trabajaban el cuero y el fieltro para la fabricación de calzado. En cuanto al estado de ánimo de la población rusa, se refleja en una conversación que sostuve en Orel, durante ese período, con un viejo general zarista. «Si ustedes hubieran venido hace veinte años» me dijo «les habríamos acogido con entusiasmo. Pero ahora es demasiado tarde. Llegan ustedes cuando empezábamos a revivir y nos hacen retroceder veinte años atrás; tenemos que rehacerlo todo desde el principio. Ahora combatimos por Rusia y estamos todos unidos en la lucha». Además, cuando los comisarios del Reich, todos ellos funcionarios nazis, reemplazaron a la administración militar, se las arreglaron para matar en poco tiempo toda posible simpatía por los alemanes y preparar así la plaga de los guerrilleros. 
Habíamos instalado nuestro puesto de mando avanzado en Yasnaia Poliana, la célebre finca de Tolstoi, y allí me trasladé el 2 de Diciembre. Se encuentra a siete kilómetros al sur de Tula. La propiedad constaba de dos edificios: el «castillo», que fue dejado para uso exclusivo de la familia Tolstoi, y el museo, donde nosotros nos instalamos. Todos los muebles y los libros, que habían pertenecido al gran escritor, se guardaron en dos habitaciones, cuyas puertas se sellaron. Amueblamos nuestras habitaciones con muebles sencillos, construidos por nuestros hombres con toscas tablas. La leña del bosque vecino suministraba la calefacción. No se quemó ningún mueble, y ningún libro ni manuscrito fue dañado. Todo cuanto han dicho los rusos a este respecto después de la guerra es falso. Fui a ver la tumba de Tolstoi. Se hallaba en buen estado. Ningún soldado alemán la tocó. Y así estuvo hasta el momento en que abandonamos la propiedad. Desgraciadamente, la propaganda rusa de una posguerra rencorosa no ha vacilado en tergiversar tendenciosamente la verdad para probar nuestra pretendida barbarie. Todavía viven muchos testigos que pueden confirmar mi descripción. ¡En cambio los rusos habían minado concienzudamente los alrededores de la tumba de su gran escritor! 
El 2 de Diciembre, las divisiones panzer 3ª y 4ª abrieron una brecha en las posiciones avanzadas del enemigo. El ataque los sorprendió. Prosiguió, el 3 de Diciembre, con violenta nevada y fuerte viento. El hielo en los caminos dificultaba los movimientos. La 4ª división panzer voló la vía férrea Tula-Moscú y se apoderó de seis cañones; llego por fin a la carretera Tula-Serpukhov pero la falta de carburante y el agotamiento de los hombres la obligaron a detenerse. El enemigo pudo zafarse hacia el norte. La situación seguía siendo tensa. Se desarrollaron combates encarnizados en la zona de los bosques, al este de Tula, el 4 de Diciembre. Se progresó muy poco en la jornada. El termómetro descendió hasta -35º y el reconocimiento aéreo descubrió un poderoso grupo enemigo que se encaminaba hacia el sur de Kachira. Una fuerte protección de cazas rusos nos impidió observarla desde más cerca. Como esta presencia amenazaba mis flancos y mi retaguardia, y como mis fuerzas no podían maniobrar con una temperatura anormalmente baja de -50º, en la noche del 5 al 6 de Diciembre decidí, por primera vez desde el comienzo de esta guerra, detener el ataque –un ataque llevado aisladamente- e hice retroceder a mi vanguardia para ponerla a la defensiva en la línea general Alto Don-Chatt-Upa. Aquella misma noche informé telefónicamente a mi superior, el mariscal von Bock. Me preguntó: «¿Dónde se encuentra su puesto de mando?». Me creía en Orel, alejado de las operaciones. Los generales de panzers no deben alejarse del campo de batalla, y yo me encontraba lo bastante cerca, tanto del frente como de mis soldados, de modo de tener una opinión sólidamente fundada. Nuestra ofensiva contra Moscú había fracasado. Los esfuerzos y los sacrificios de la tropa habían sido vanos. Acabábamos de sufrir una grave derrota que, por la obstinación del alto mando, iba a ser fatal en las semanas próximas. En la lejana Prusia Oriental, los jefes del O.K.H. y del O.K.W. no podían hacerse la menor idea, pese a los informes, de la verdadera situación de sus tropas en esta guerra invernal. Tal desconocimiento los condujo a exigir sin cesar desmesurados esfuerzos imposibles de llevar a cabo. Para restablecer la situación en pocos meses, lo mejor habría sido replegarnos, a su debido tiempo y con amplitud suficiente, a posiciones fortificadas, en un lugar donde la configuración del terreno nos favoreciese. En el sector del IIº ejército blindado, la posición de Zucha-Oka, fortificada en Octubre, parecía la más indicada. Pero Hitler no se decidía a aceptar esta solución. Además de su habitual testarudez, ¿representó la política exterior un papel importante en las decisiones que se tomaron por aquellos días? Nunca lo supe. Pero me inclino a creerlo, pues el 7 de Diciembre se produjo la entrada de Japón en la guerra, seguida el 11 de Diciembre por la declaración de guerra de Alemania a Estados Unidos. Nuestros soldados se asombraron al ver que Hitler declaraba la guerra a los Estados Unidos sin que Japón la declarase a su vez a la Unión Soviética, lo cual permitió que las fuerzas rusas del Extremo Oriente fueran utilizadas contra los alemanes, trayéndolas a nuestros frentes en trenes que se sucedían sin descanso. La consecuencia de esta extraña política no fue un alivio, sino un agravamiento de nuestra situación, cuyo alcance era difícil de calcular. La guerra, cada vez, iba haciéndose más «total». El potencial económico y militar de la mayor parte del globo se coaligaba contra Alemania y sus débiles aliados. 
Pero volvamos a Tula. Durante los días siguientes, el 24º cuerpo blindado consiguió efectuar un ordenado repliegue ante el enemigo; mientras que, desde Kachira, se ejercía una fuerte presión sobre las tropas alemanas. Al mismo tiempo, un ataque inesperado de los rusos la noche del 7 al 8 de Diciembre arrebataba Mikhailov al 47º cuerpo blindado, infligiéndole elevadas pérdidas. A nuestra derecha, el adversario avanzó hacia Livny y se fortificó ante Yefremov. Una carta del 8 de Diciembre refleja lo que yo pensaba entonces: «Nos encontramos ante una triste situación: el mando supremo ha tirado demasiado de la cuerda porque no quiso creer en el descenso del poder combativo de la tropa; ha formulado sin cesar nuevas exigencias sin tomar medidas contra los rigores del invierno, y ahora se encuentra sorprendido por el frío ruso, que llega a 35º bajo cero. Nuestras fuerzas no han sido capaces de rematar con una victoria la ofensiva contra Moscú, y así fue como el 5 de Diciembre, con el ánimo afligido, tomé la decisión de interrumpir un combate que a nada conducía, retirándome a una línea bastante corta, previamente elegida; con las fuerzas que tengo no aspiro a más que a mantenerla. Los rusos nos acosan de manera incesante y tenemos que prever toda clase de penosos incidentes. Las pérdidas, sobre todo por enfermedad y congelación, fueron considerables, aunque haya esperanzas de alguna recuperación cuando las unidades puedan tomarse algún descanso. Los daños causados por el frío en los vehículos y en los cañones sobrepasan todo lo previsto. Utilizamos trineos como recurso provisional, pero los servicios que prestan son pequeños. Hemos logrado conservar nuestros tanques. Pero, ¿cuánto tiempo seguirán funcionando con este frío? Jamás hubiera creído que en dos meses cambiase hasta este punto una situación tan brillante. Si se hubiese tomado a tiempo la decisión de interrumpir la ofensiva y de instalarse cómodamente durante el invierno en una línea adecuada para la defensa, nada peligroso podía acontecer. Por espacio de meses, todo será ahora un interrogante. No me inquieta mi propia suerte, me inquieta mucho la de nuestra Alemania; temo por ella». 
El 13 de Diciembre, el IIº ejército prosiguió su repliegue. Pero en estas condiciones no podía realizar su intención de mantenerse en la línea Stalinogorsk-Chatt-Upa, tanto más cuanto la XIª división no tenía ya la capacidad de resistencia indispensable para frenar a las fuerzas rusas de refresco. Hubo que continuar el movimiento de repliegue detrás de Plava. El IVº ejército que estaba a nuestra izquierda, y los grupos de tanques 3º y 4º, no pudieron tampoco seguir manteniendo sus posiciones. El 14 de Diciembre hice llegar al Führer una descripción pesimista de la situación. Esperaba, al terminar el día, una llamada telefónica que me trajese su respuesta. Aquella tarde escribí: «A menudo paso la noche acostado, sin dormir, torturándome y preguntándome: ¿Qué más puedo hacer para aliviar a mis pobres soldados, obligados a permanecer a la intemperie sin protección contra este terrible frío? Es espantoso, inimaginable. Los miembros del O.K.H. y del O.K.W., que jamás han visto el frente, no pueden hacerse idea de estas condiciones de vida. No hacen más que cablegrafiar órdenes que no se pueden cumplir y denegar todas las peticiones que se les hacen». La respuesta telefónica que yo esperaba de Hitler llegó por la noche. Exhortaba a mantenerse firme, prohibía los movimientos de repliegue, prometía la llegada de un refuerzo -500 hombres si no me equivoco- por vía aérea. Tuvo que repetirme sus palabras porque se le oía muy mal. En vista de ello decidí, con autorización superior, trasladarme en avión al cuartel general del Führer y explicarle personalmente la situación de mi ejército., puesto que todos los informes telefónicos y escritos no habían surtido efecto. La entrevista fue fijada para el 20 de Diciembre. «Fraile, frailecito, emprendes un arduo camino». Mis camaradas me recordaron este estribillo de mi tierra cuando les comuniqué mi decisión de tomar el avión para ir a ver a Hitler. Sabía muy bien que no sería fácil convencer al Führer. Pero en aquella época todavía tenía confianza en nuestro jefe supremo; creía que haría caso de razonamientos sensatos si un general con experiencia del frente se los exponía. 
El 20 de Diciembre, a eso de las 15,30 hs., aterricé en el aeródromo de Rastenburg. Mi conversación con Hitler duró cinco horas, con dos cortas interrupciones de una media hora para cenar y para la exhibición del noticiario cinematográfico que el Führer no dejaba de ver nunca. A las 18,00 hs. fui recibido por Hitler en presencia de Keitel, Schmundt y otros altos jefes. Ni el jefe del Alto Estado Mayor ni ningún representante del O.K.H. tomaron parte en esta conferencia con el nuevo comandante en jefe de las fuerzas terrestres (Hitler había asumido el puesto al despedir al mariscal von Brauchitsch). Igual que el 23 de Agosto de 1941, volví a encontrarme solo frente a la camarilla del O.K.W. Mientras Hitler se adelantaba para saludarme, observé por vez primera que clavaba en mí una mirada hostil. Esto me despertó el convencimiento de que lo habían predispuesto en mi contra. La oscuridad del pequeño aposento aumentó mi desazón. La conferencia empezó exponiéndoles la situación. Después hablé de mi intención de replegar por etapas los dos ejércitos hacia la posición Zucha-Oka, ya que no quedaba otra alternativa si se quería conservar las tropas y mantenerse durante el invierno en posiciones estables. Mi sorpresa fue grande al oír a Hitler exclamar con violencia: «¡No; lo prohíbo terminantemente!». 
-Es preciso incrustarse en el suelo y defender cada metro de terreno- dijo Hitler. 
-No es posible incrustarse en todas partes en el suelo –respondí-; está helado hasta un metro o metro y medio de profundidad, y nuestras deficientes herramientas de campaña no nos permiten ya excavar trincheras- 
-Abran hoyos en el suelo con la artillería pesada. Es lo que hacíamos en Flandes durante la primera guerra- replicó el Führer. 
-En la primera guerra –rebatí- nuestras divisiones ocupaban en Flandes sectores de cuatro a seis kilómetros de ancho, y los defendían con dos o tres grupos de cañones pesados y abundancia de municiones. Mis divisiones tienen que defender frentes de 20 a 40 kilómetros y yo tengo cuatro cañones pesados por división, dotados de 50 disparos por cañón. Jamás hubo en Flandes temperaturas tan bajas como las que soportamos. Además, necesito municiones para rechazar a los rusos. Ni siquiera podemos ya clavar postes en el suelo para instalar nuestras líneas telefónicas; tenemos que abrir los hoyos a fuerza de explosivos. ¿De dónde sacaríamos explosivos suficientes para construir una posición de semejante extensión?- 
Pero Hitler reiteró su orden: resistir donde nos encontrábamos. 
-Eso significa pasar a la guerra de posiciones en un terreno inadecuado, como en el frente occidental durante la primera guerra –le advertí-. En ese caso sufriremos las mismas batallas de desgaste y las mismas pérdidas enormes que en aquella época, sin obtener un resultado decisivo. Siguiendo esa táctica este invierno, sacrificaremos a la flor y nata de nuestros oficiales y suboficiales, con sus reservas; este sacrificio será estéril y, por lo demás, no podremos compensarlo- 
-¿Cree usted que los granaderos de Federico el Grande morían por capricho? –preguntó Hitler-. También ellos querían vivir y, sin embargo, el rey podía pedirles el sacrificio de sus vidas. Considero que yo también tengo derecho a exigir el mismo sacrificio a todos los soldados alemanes- 
-El soldado alemán –respondí- sabe que, en tiempo de guerra, debe poner su vida a disposición de su patria y, verdaderamente, lo ha demostrado hasta ahora. Pero no debe exigírsele este sacrificio sino en caso de absoluta necesidad. Le ruego que piense que la intensidad del frío nos ha costado doble número de bajas que el fuego enemigo. Quien ha visto los hospitales llenos de hombres congelados sabe lo que eso significa- 
-Me consta –dijo Hitler- que ha trabajado usted mucho y ha convivido con la tropa. Lo reconozco. Pero ve las cosas demasiado cerca. Le impresionan demasiado los sufrimientos del soldado y siente demasiada compasión por él. Necesitaría alejarse un poco para ver la perspectiva. Créame: de lejos se ven las cosas con mayor precisión- 
-Mi deber –señalé- es aminorar cuanto pueda los sufrimientos de mis soldados. Pero esto es muy difícil cuando los hombres no tienen ropa de invierno, y casi toda la infantería lleva aún pantalones de verano- 
-No es cierto –gritó Hitler encolerizándose-. El jefe de la intendencia me ha dicho que el equipo de invierno ha sido enviado- 
-Enviado, sí -respondí-; pero no ha llegado todavía. Sigo con precisión su ruta. Desde hace varias semanas se encuentra en la estación de Varsovia; está allí parado porque faltan locomotoras y las vías férreas se hallan embotelladas- 
Se llamó al jefe de la intendencia, quien se vio obligado a confirmar mi relato. La campaña para el aprovisionamiento de ropas que hizo Goebbels en la Navidad de 1941 fue consecuencia de esta conversación. Pero el producto de esta colecta no llegó a manos de los soldados alemanes durante el invierno 1941-1942. Luego tocamos la cuestión de los efectivos de las unidades de combate y de los servicios. A causa de los numerosos vehículos inutilizados por los barrizales de otoño, y después por los grandes fríos, el parque de transporte para el abastecimiento era insuficiente tanto en las unidades como en los servicios de retaguardia. Como los vehículos perdidos no eran reemplazados, la tropa tenía que arreglárselas con los medios del país. Estos consistían en carros de campesinos y en trineos de capacidad muy reducida; para reemplazar a los camiones que faltaban había que utilizar un elevado número de estos vehículos que, además, requerían demasiados hombres. Hitler exigió entonces la reducción implacable de los efectivos, muy numerosos a su parecer, de las unidades de abastecimiento y del parque móvil, a fin de recuperar fusiles para el frente. Ni que decir tiene que ya se había procedido a ello, hasta donde era posible, sin poner en peligro el abastecimiento. Para reducirlos aún más sería preciso mejorar todos los medios de abastecimiento en general y las comunicaciones ferroviarias en particular. Resultó penoso hacerle comprender a Hitler esta perogrullada. Durante la cena, sentado junto al Führer, aproveché la ocasión para darle detalles de la vida en el frente. Pero estos relatos no surtieron el efecto que yo esperaba. A Hitler, lo mismo que a su camarilla, le parecían exagerados. Por esta razón propuse, cuando se reanudó la conferencia después de cenar, transferir al O.K.W. y al O.K.H. a oficiales de estado mayor que hubiesen experimentado la guerra en el propio frente. –La reacción de los miembros del O.K.W. –dije- me ha dado la impresión de que nuestras comunicaciones y nuestros informes no son bien comprendidos y que, por consiguiente, no le son correctamente presentados. Me parece, pues, necesario trasladar a los puestos de estado mayor del O.K.H. y del O.K.W. a oficiales que tengan experiencia en el frente. Decídase a proceder a un relevo de la guardia. Aquí, en la cumbre, hay oficiales que forman parte de uno de los dos estados mayores desde el principio de la guerra, hace ya dos años por consiguiente, y que nunca han visto el frente. Esta guerra es tan diferente de la anterior que no vale de nada haber servido en la de 1914- 
Me había metido en un avispero. 
-¡No es ahora el momento oportuno para separarme de mis consejeros!- replicó Hitler con indignación. 
-No tiene necesidad de separarse de sus ayudantes personales; no se trata de eso –aclaré-. Lo que importa, en cambio, es destinar a los puestos clave de los estados mayores a oficiales que tengan una experiencia reciente del frente y, sobre todo, de las campañas de invierno- 
Esta petición fue también rechazada secamente. Todas mis proposiciones acababan en un total fracaso. Cuando abandonaba la sala de conferencia, Hitler dijo a Keitel: «No he convencido a ese hombre». Así se consumó entre nosotros una ruptura que ya no fue posible reparar. 
El 21 de Diciembre regresé a Orel para redactar y difundir las órdenes que debían ajustarse a las intenciones de Hitler. El 24 de Diciembre, el IIº ejército perdió Livny. La noche del 24 al 25 de Diciembre perdimos Chern a consecuencia de un ataque envolvente del enemigo. El éxito de los rusos nos sorprendió por su amplitud. Di inmediatamente cuenta de este desgraciado incidente al grupo de ejércitos. El mariscal von Kluge me hizo los más vivos reproches y aquella misma noche tuvimos una violenta discusión; me acusó de haberle transmitido un informe falso y colgó el teléfono diciendo: «Daré un informe al Führer sobre usted». Esta vez se había colmado la medida. Dije al jefe de Estado Mayor del grupo de ejércitos que pedía ser relevado de mi mando y transmití inmediatamente por telégrafo esta decisión. El mariscal von Kluge se me había adelantado en el O.K.H. pidiendo mi relevo, que fue, en efecto, dispuesto por Hitler; la orden me llegó el 26 de Diciembre, por la mañana, juntamente con mi traslado a la reserva de mando del O.K.H. Mi sucesor era el general Rudolf Schmidt, que mandaba el IIº ejército. 

Fuente: Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial.